"En aquel tiempo, dijo el Señor:
-« ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos?
Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: "Tocarnos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis."
La disconformidad forma parte de nuestra vida y, en algunos casos, ni nos damos cuenta hasta que nos lo dicen. No siempre nos gusta lo que somos, lo que tenemos, lo que hacemos, lo que vivimos. Siempre nos gusta más lo del vecino que lo nuestro y eso nos amarga la vida. Y lo mismo nos pasa con nuestra fe.
Cada año que pasa, o cada vez que se renueva el hombre pretendemos que la fe se renueve, que se modifique, o mejor dicho pretendemos que las exigencias que nos presenta la vida de fe se modifiquen igual que lo que se modifican las costumbres sociales. Pero miremos lo que pasa en la sociedad con las modificaciones de las modas (y no sólo en la ropa) y ya lo dice la Palabra de Dios: "no hay nada nuevo bajo el sol".
Nos creemos los reyes de la vida pero no somos más que un pequeño individuo dentro de la inmensidad del universo, pero nos creemos todo un Dios que sabe lo que tiene que hacer y por eso quiere cambiar las leyes universales y vitales. Y por eso tenemos que mirar un poco más nuestro alrededor: ¿qué es lo que ha conquistado la soberbia del hombre? ¿Cómo ha mejorada la vida del hombre le haberse desligado de los valores esenciales del mismo hombre?
Por eso a nosotros, los cristianos, nos toca ser los más originales dentro de esta civilización que se está derrumbando. Sí, originales. ¿No crees que podamos serlo? Pero ¿sabes qué significa ser originales? Es ser fieles al principio que nos dio origen. Sí, es vivir fielmente aquellas cosas que nos dieron origen. Y lo que a los cristianos nos dio origen, nos dio vida, fue la Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros. Para ser originales debemos ser Fieles a la Palabra de Cristo, por eso no sólo nos llamamos cristianos sino que lo somos.
Y por eso, Dios, por medio de San Pablo nos dice:
"...grande es el misterio que veneramos:
Manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, predicado a los paganos, creído en el mundo, llevado a la gloria".
Es tan inmenso el misterio que veneramos, es tan hermoso lo que creemos, es tan intenso el amor de Dios hacia nosotros, que si lo descubrimos en toda su grandeza no podremos dejar de intentar vivirlo, pero vivirlo en verdad, porque para ello contamos con la Gracia y con la fortaleza del Espíritu Santo que nos anima y enciende en la Esperanza de saber que en nuestra originalidad está la Luz para llevar al mundo la Buena Noticia de un Nuevo Hombre, de un Nuevo Mundo de un Futuro que merezca la pena encontrar.
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