martes, 15 de septiembre de 2015

Desde la Cruz es nuestra Madre

-«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo:
-«Ahí tienes a tu madre.»
Creo que, para cada uno de los que creemos, es el más hermoso de los diálogos de Jesús, porque en ese diálogo, antes de entregarnos su Vida, nos a la Madre, porque para poder conservar la Vida del Hijo, necesitábamos de Su Madre pues Ella es quien nos ayuda y nos lleva de la mano para poder vivir la Vida de Su Hijo como el Padre quiere.
María, hoy que la recordamos como Madre de los Dolores, aceptó al pie de la Cruz, viendo cómo la vida de su Hijo se acababa, el más grande de los encargos de parte de Dios: ser nuestra Madre, Madre de todos los Hombres, y ante el sufrimiento del Hijo, Ella aceptó, una vez más como en Nazareth ser Madre.
¡Cuánto dolor para una Madre ver a su Hijo sufrir tan injustamente! Pero cuánto amor para la Madre ver que su Hijo, como Ella, era Fiel y Obediente al Padre, pues ni el sufrimiento ni la muerte lograron detener al Hijo para vivir en la Voluntad del Padre.
¡Cuánto dolor para la Madre no poder abrazar a ese niño que, por Amor, llevaba el madero de la Salvación!
Hoy, la contemplamos como Virgen de los Dolores, pero no la contemplamos triste, amargada, derrumbada bajo el peso del dolor, sino que la contemplamos de pie frente a la Cruz de Su Hijo, la contemplamos fuerte frente al Dolor, la contemplamos Fiel y Obediente ante la Palabra del Hijo, la contemplamos, una vez más, abierta y disponible a la Voluntad de Dios que, hoy, desde el madero de la Cruz, vuelve a pedirle ser Madre.
María asume, junto al Hijo, la muerte de Cruz; Él la asume en su propia carne, Ella la asume en su Corazón, pues en el Corazón de la Madre se marcan cada uno de los clavos del Hijo, cada una de Sus Espinas, cada una de sus llagas, y la lanza que atravesó el costado del Hijo atravesó su Corazón. Por eso María, en su Corazón asumió cada uno de los dolores de su Hijo, cada una de sus entregas, y por eso es Co-redentora, por eso es Madre de todos los hombres, porque en la Cruz de su Hijo nacimos todos como hijos de María, y cada uno de los pecados de los hombres que fueron asumidos por el Hijo, fueron también por María causa de dolor y de Cruz.
El Hijo asumió en su carne los pecados de todos los hombres y con su muerte en la Cruz, mató el pecado y la muerte, y por eso  el Corazón Doloroso e Inmaculado de la Madre siente cada uno de nuestros pecados, por que nuestros pecados hacen sufrir la Sagrado Corazón del Hijo. Y los dos, Madre e Hijo, siguen amándonos, siguen buscándonos, siguen abrazándonos y permanecen junto a nosotros para que nosotros, con Ellos y por Ellos alcancemos la Salvación.
Hoy la Virgen de los Dolores nos llama, nos convoca, nos abraza con su Amor de Madre para que no nos alejemos de la Cruz de Cristo, para que nos abracemos a la Cruz como Ella se abrazó al Hijo, para que esa Cruz nos fortalezca, nos redima, nos salve, porque como el Hijo y junto al Hijo debemos entregar nuestra vida para poder tener Vida y, muriendo al pecado, tener Vida en abundancia.

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