Los gerasenos echaron a Jesús de su ciudad, ¿por qué? Por que los demonios que había expulsado se metieron dentro de la piara de cerdos y se mataron todos arrojándose del acantilado. Claro que no vieron o no quisieron ver que había dejado libre al que estaba endemoniado. Quizás no conocían la fama de Jesús y sus milagros. Siempre hay muchos argumentos y excusas para poder salvar lo que quiero, pero de una u otra forma la Verdad siempre sale a la Luz.
Quizás muchos estén a favor de haber expulsado a Jesús, porque la piara de cerdos era lo únicos que tenían los gerasenos para vivir, y, entonces, era justo expulsar a aquél que había matado a todos sus cerdos.
Pero, para el hombre que, después de tantos años de vivir excluido y marginado en el cementerio, haber sido liberado de los demonios y poder volver a su familia, eso no tenía precio. Y, seguramente, no entendió la actitud de la gente de su pueblo de expulsar a Aquél que lo había salvado.
Hoy nos sigue afectando que nos quiten nuestros cerdos, que nos dejen sin aquello que para nosotros era importante, y cuando alguien hace algo que no nos gusta lo expulsamos de nuestra vida. Creemos que con un click lo podemos borrar de nuestra lista de contactos y sacarlo del Face o de cualquier red social.
¿Cuáles son nuestros cerdos que hoy cuidamos más que la Verdad, más que la Vida?
Sí, todos cuidamos más lo que nos da poder que lo que nos hace ser, en esta sociedad tan consumista y materialista, parece que no nos damos cuenta que no todo es poder y ni todo es poseer, si no que lo importante es el ser. Por eso cuando alguien nos toca "nuestros cerditos" cambiamos, nos rebelamos contra aquél que tiró por el acantilado aquello que me daba confianza, aquello que me sostenía, aquello que hacía que fuera respetado, pero que, en definitiva no era, ni es, lo que soy.
Nos quedamos sin nada, nos quedamos sin nuestros cerditos y parece que la vida se nos ha perdido, porque hemos vivido para nuestros cerdos, y no para la Vida, hemos vivido acumulando tesoros en la tierra y no hemos crecido como personas, como lo que realmente somos. Por eso, cuando nos tocan los cerdos nos enfadamos, sacamos las garras y vamos contra el mundo porque ya no tenemos a qué aferrarnos, y sobre todo, sin esos cerdos miro hacia dentro de mí y no encuentro nada más a lo que aferrarme, he perdido la fuente de mi poder, he quedado expuesto ante el mundo.
Busquemos la Verdad, crezcamos en la Verdad, que, aunque nos duela es la única que nos libera y nos hace crecer, nos permite ser en verdad lo que realmente somos, y descubriendo qué nos falta poder pedir con seguridad y confianza los dones necesarios para ser en verdad lo que anhelamos. No dejemos que los cerditos de este mundo nos quiten la esperanza y la alegría de llegar a Ser lo que Dios ha querido que seamos sus hijos.
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