viernes, 17 de julio de 2015

El sacrificio del amor

"Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los que no tienen culpa".
¿Qué es la misericordia? Por supuesto que no significa que por misericordia dejemos pasar nuestros errores y pecados o los errores y pecados de los demás. Jesús no quiere que por misericordia perdamos la vida, pues el pecado y el error nos quitan vida, sino que cuando miremos nuestra vida y la vida de los demás, apliquemos, junto a la Ley, el Amor.
El Amor no quita el peso de la Ley pero sí nos hace ver la debilidad del hombre, la dificultad que tenemos todos de hacer lo que debemos, y en cambio hacemos lo que no queremos. Porque un juicio sin misericordia y sin amor, puede llegar a ser un juicio injusto. Que es lo que nos pasa habitualmente, tanto hacia nosotros mismo como hacia los demás, como le pasó a los fariseos del evangelio, se atan tanto a la letra de la ley, y sobre todo, mirando la vida de los demás desde esa letra, que se olvidan de la misericordia y el amor. Porque la Ley de Dios está para servir al hombre, y no, como dice San Pablo, para darle muerte.
Por eso Jesús, en un momento, cuando lo acusaron de querer abolir la Ley y los Profetas, dijo:
"no vengo a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles cumplimientos".
¿Cómo se les da cumplimiento? Con la misericordia, con el amor, porque lo esencial de la Ley y los Profetas es el Amor del Padre Dios por sus hijos, a quienes les dio la Vida y quiere que cuiden y maduren esa vida. Si no miramos los límites que nuestro Padre nos pone desde la perspectiva de un Padre que Ama a sus hijos, sólo vamos a ver, como simples adolescentes, que tenemos un Padre autoritario que sólo quiere hacernos sufrir.
Y, como a los adolescentes, nos pasa lo mismo cuando crecemos: cuando nos toca ser padres también deberemos poner límites a la vida de nuestros hijos para que ellos aprendan a cuidar su vida, para que esta llegue a su plenitud.
Ahora, en la medida en que vamos creciendo en nuestra Vida de Fe, sabemos que los sacrificios que hacemos día a día son para ayudarnos a crecer en el amor, para que sea el Amor el que ilumine todos nuestros juicios y actos, el que nos ayude no a condenar, sino a salvar; no a acusar sino a perdonar.
Porque "el amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia. El amor es no es presumido ni se envanece: no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor, no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad".
El mayor de nuestros sacrificios es lo mejor que nos pidió Jesús y el más importante de nuestros mandamientos:
"Un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado".

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