miércoles, 22 de julio de 2015

Siempre esta a nuestro lado

"En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
-«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.»
Hay situaciones que nos hacen decir cosas que, aunque las sentimos y las guardamos, en esos momentos salen de dentro con mucha fuerza y con bronca, sin poder medir las palabras ni lo que estamos viviendo.
Los israelitas habían logrado librarse de la esclavitud de Egipto, y, aunque habían tenido días de valorar esa libertad, ahora el hambre no les permitía ver lo bueno de la libertad, sino que ansiaban la esclavitud para no tener que sufrir o penar.

"Ellos le preguntan: -«Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: - «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. »
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: -«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: - «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Frente al dolor de la muerte tampoco se logra ver, el dolor vuelve a cerrar los ojos, y no recordamos lo que nos ha sido anunciado sobre la vida, y no podemos ver lo que tenemos delante, solo vemos nuestro dolor y lo nos duele lo que hemos perdido.

Si, dos situaciones diferentes la del pueblo de Israel y la de María Magdalena, pero en las dos se dan reacciones similares. Los dos ante el dolor no pueden recordar lo que el Señor les anuncio y prometió, por eso la desesperanza invade el corazón y oscurece la mente y solo pensamos en lo que no tenemos, en lo que nos duele, en el sinsentido de lo que esta por llegar.
Y en las dos situaciones el Señor viene a nuestro encuentro y, a pesar de no reconocerlo en un primer momento, Él insiste en descubrirse a nuestra vida, en volver a darnos esperanzas, en recordarnos lo que nos prometio y así darnos la Luz necesaria para continuar el Camino hacia el cumplimiento de la Promesa.
Es que nos olvidamos tan rápidamente de las Promesas del Señor, ante las espinas de la vida, dejamos de recordar lo hermoso de las flores, y Él siempre se toma el trabajo de hacerme ver, recordar. No nos quiere tristes, sin esperanzas, nos quiere alegres y con la mirada puesta en Su Amor, porque es por Amor que nos da fuerzas para salir cada día con el alma llena de la Luz de la Fe que ilumina nuestro caminar y nos permite caminar aun en la oscuridad del dolor.
El Señor siempre está a nuestro lado, por eso no tenemos que  permitir que no la oscuridad, ni el nos impidan verlo, pues si lo perdemos de vista nos soltamos de Su Mano y el Camino se hace tan duro y difícil que le tedio y el agobio nos quitan la esperanza, la fe y el amor.
"Venid a Mi los que estéis afligidos y agobiados y Yo os aliviare, cargad mi yugo que es llevadero y mi carga ligera", dice el Señor.

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