"Moisés dijo a Aarón:
-« ¿Qué te ha hecho este pueblo, para que nos acarreases tan enorme pecado? »
Contestó Aarón:
-«No se irrite mi señor. Sabes que este pueblo es perverso. Me dijeron: "Haznos un Dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado."
La ansiedad por no saber qué le había pasado a Moisés hizo que el Pueblo se hiciera un dios a su medida, un dios al que pudieran ver y tocar. Aarón que había quedado frente al pueblo le hizo caso, y por eso Moisés se enfado tanto con él y con ellos, pero igual pidió misericordia al Señor por el Pueblo.
No sabemos esperar en Dios, nuestra confianza en la Providencia del Señor no es, muchas veces, la suficiente porque la ansiedad nos gana la batalla y buscamos respuestas rápidas a situaciones que urgen nuestra vida.
Y no sólo nos pasa con la Providencia Divina, sino que, también, nos pasa con nuestros hermanos que nos sabemos esperar los tiempos que ellos tienen. Nos desespera, en algunos momentos, que no puedan responder como nosotros lo esperamos o como nosotros hubiéramos respondido; no hacen lo que nosotros hubiéramos hecho en tal o cual situación; no resuelven una situación o no me responden como yo hubiera querido que lo hicieran.
Y lo mismo le pasa a Dios con nosotros, como a nosotros nos pasa con nuestros hermanos. Pero lo que tiene el Señor con nosotros es paciencia y misericordia, algo que aún nos hace falta para crecer o para madurar.
En un Sermón San Cesáreo de Arlés dice:
"Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dulce es el nombre de misericordia, hermanos muy amados; y, si el nombre es tan dulce, ¿cuánto más no lo será la cosa misma? Todos los hombres la desean, mas, por desgracia, no todos obran de manera que se hagan dignos de ella; todos desean alcanzar misericordia, pero son pocos los que quieren practicarla".
Lo cual nos sirve para hacer un paralelo con muchas otras cosas: con la verdad, con la justicia, con el amor... con lo que queráis, porque lo que le reclamamos a Dios o a nuestros hermanos ¿también lo ofrecemos nosotros? o ¿cuando lo exigimos nos gusta que nos lo exijan? Porque también pasa que nos gusta decir la verdad a la cara, pero cuando nos dicen la verdad a la cara nos enfadamos y hasta podemos llegar a quitarle el saludo o la palabra a quien me dice la verdad, y lo mismo con la justicia.
"Con la vara con que midas serás medido", nos dice el Señor.
Esforcémonos para no dejar que la ansiedad, ni la cólera, ni la vanidad, ni el egoísmo nos nublen y cierren el corazón, pues en el corazón habita el Espíritu Santo que nos ayuda confiar, a madurar para que nuestras obras sean fruto del Espíritu de Dios y no fruto del espíritu del mundo o de la ansiedad de las horas.
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