No siempre nos contentamos con lo que tenemos, es como si tuviéramos un ojo siempre mirando la vida de los demás para ver si es mejores o peores que nosotros. Si la vida del otro es peor no nos interesa más que para criticarlo, pero si es mejor nos interesa para ver cómo poder estropearla o poder tener lo que el otro tiene. Y otra vez con la envidia.
Es lo que le pasó a Rebeca con Jacob y Esaú, es lo que le pasó a los discípulos de Juan Bautista y los de Jesús. Rebeca quería que su hijo Esaú sea el bendecido por su padre, pero eso le correspondía al primogénito y no lo era él, por eso imaginó y llevó a cabo un engaño a Isaac para que bendijera a Esaú, aprovechándose de la ceguera de Isaac.
Y los discípulos de Juan que ven que ellos por el estilo de vida que había elegido hacían muchos ayunos, pero los discípulos de Jesús no lo hacían.
Está claro que siempre podemos crecer, es más debemos crecer y madurar, perfeccionarnos; pero nunca lo hagamos queriendo imitar lo que hacen los demás, nunca lo hagamos queriendo suplantar la vida de los otros, nunca lo planifiquemos queriendo suplantar a otros o queriendo vivir la vida de otros en nuestras vidas. Es un gran error.
Dios nos ha dado una vida para vivirla, y quien sabe cómo poder vivirla es aquél que me la dio. Por eso el buscar la Voluntad de Dios me ayuda a encontrar mi propio Camino de plenitud, mi propio Camino de crecimiento, de perfección. Por que Él tendrá todo dispuesto para ayudarme a recorrer mi Camino, pero no para recorrer el camino de otro en mi vida, y menos para poder hundir la vida del otro para que yo tenga su lugar, su puesto.
Por más que Jacob recibiera la bendición de Isaac, nunca llegaría a ser como Esaú, porque Esaú es único e irrepetible, como cada uno de nosotros. Gracias a Dios todos somos único se irrepetibles, no hay nadie (gracias a Dios) igual que yo, porque a mí, como persona única y llamada a vivir un único Camino, me ha dado ciertos talentos y dones, que podrán ser parecidos a otros, pero no son iguales, porque son míos. Y con estos talentos yo tengo que crecer, tengo que hacerlos fructificar. Sí, seguro que me encantaría tener los talentos de otros, pero no los tengo.
Cuando dejo de lado ese defecto que está innato en nosotros, puedo llegar a alegrarme y gozar de todo lo que Dios me ha dado, realmente el descubrir todo lo que tengo, porque me ha sido regalado, me ayudará a encontrar el camino para hacerlo crecer, madurar y fructificar. Porque el esfuerzo que realice para hacer crecer mis talentos lo veré enseguida, pero cuando quiero hacer crecer talentos que no son míos, nunca llego a hacerlos fructificar y me agobia el esfuerzo de nunca poder encontrar aquello que no existe en mi, sin embargo hay un gran tesoro que queda oculto bajo el mando de la envidia por la vida de los otros.
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