"Cuando Jacob despertó dijo:
-Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía.
Y, sobrecogido, añadió:
-Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo".
No siempre tenemos la oportunidad, como Jacob, para encontrarnos con el Señor, o, mejor dicho el Señor no nos habla tan directamente como a Jacob.
Seguro que nos gustaría tener uno de esos encuentros con Él, poder sentarnos, mano a mano, para un diálogo sereno, sincero, en donde Él pueda hablarme y yo pueda hablarle, también.
Muchos de nosotros hemos tenido esa oportunidad mas de una vez, y más de dos veces, seguramente, hemos experimentado un encuentro muy cercano con el Señor. Claro que no hemos levantado un altar y, menos aún, hemos construido un templo alrededor del lugar donde se produjo el encuentro. Sobre todo porque no es necesario hacerlo, pues el templo está construido.
Si, cada día, cada hora estamos en el templo construido por el Señor, porque Él de manera particular habita en un Templo construido no por el hombre sino por el Él mismo. Ese templo somos cada uno de nosotros, pues el día de nuestro bautismo fuimos consagrados como templos vivos del Espíritu Santo, en el que habita el Señor.
Por eso Jesus le decía a aquella mujer junto al Pozo de Jacob: "llegará el día en que Dios no habitara en el Templo de Jerusalén ni Samaria, sino que habita en espíritu y en verdad". Por eso cuando necesitamos de Él podemos encontrarle en el silencio de nuestro corazón, hacer ese peregrinaje constante a nuestro corazón para hablar con Él, escuchar sus palabras, aceptar su Voluntad, presentarle nuestras quejas y pedido y acción de gracias, para que Él pueda acompañarme a vivir en Él, por Él y con Él.
Si, cada uno de nosotros somos casa de Dios y puerta del Cielo, porque Él está con nosotros y en nosotros, y por nosotros llega a nuestros hermanos que lo buscan y necesitan. Somos, como en la imagen de Jacob, esa escalera por medio de la cual llega la Palabra, el Amor, la Esperanza de Dios a aquellos que no lo conocen, pero que los buscan h lo necesitan.
No dejemos que nuestra vida deje de ser un lugar, para mi y para mis hermanos, donde poder encontrarnos y encontrarse con el Señor, nuestro Dios.
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