Dos hermosas lecturas, pero difíciles de llevarlas a la vida, aunque cuando las llevamos a nuestras vidas nos la vuelven más fácil y más dichosa.
Dios le pide a Abrán que deje su tierra, su casa, su familia para formar un nuevo pueblo. No se le pide algo fácil pero se le da una gran esperanza porque se le asegura un gran futuro. Y Abrán no duda, por eso deja todo y sale tras la Voz de Dios, con fe, confianza y disponibilidad sigue los mandatos del Señor, no sólo para conseguir lo prometido sino para ser Fiel a su Dios y Señor.
Abrán nos ayuda a ver que no es imposible vivir según Dios, que no es imposible dejarlo todo y seguir al Señor, sólo falta confianza en Él para poder escucharlo y obedecerle, porque la confianza nos lleva a poder no cuestionar lo que Él nos dice, sino que fortalece nuestra fe en quién nos habla, en quien nos aconseja, en quien nos viene a buscar para vivir una Vida Nueva.
Esa misma actitud es la que nos pide Jesús al momento de invitarnos a seguirlo: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su Cruz de cada día y sígame". Jesús nos invita a seguirlo, no nos obliga, nos invita, pero al invitarlo es Él quién pone las condiciones para poder seguirlo. Por eso, a partir de ese momento en que doy el ¡Sí! acepto las condiciones, porque se supone que sé a quién y por qué lo sigo. Y este seguirlo me llevará a vivencias nuevas, siempre nuevas de algo que siempre ha estado en mí: la Vida de Dios. Y en este vivir en Dios será Él quién vaya guiando mi vida, será Él quien vaya día a día dándome las pautas para alcanzar aquello que Él mismo me prometió: formar un pueblo nuevo: la civilización del amor, en donde el Reino de los Cielos venga a la Tierra, porque aquí hacemos Su Voluntad como en el Cielo.
Y hoy, para vivir ese Mundo Nuevo nos muestra parte del camino: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros".
Algo que es propio del hombre, por ser un ser racional: juzgar, analizar, decidir. No nos pide que dejemos de ser seres racionales, pero nos pide que nuestro juicio no sea sobre nuestros hermanos porque tampoco a nosotros nos gusta que nos juzguen. Pero, entonces, ¿no podemos ayudar a los demás a corregir sus vidas? ¿No pueden los demás decirme si he actuado mal o si actuado bien? ¿No puedo decirle a mi hermano que se ha equivocado de camino y que debe corregirse?
Esta es una parte de lo que tenemos que comenzar a vivir, porque al Evangelio hay que recordarlo en toda su amplitud y todo junto. Porque más adelante Jesús nos enseñará a llevar a cabo la "corrección fraterna", pero antes de corregir a mi hermano tengo que pensar por qué lo hago, si lo hago porque realmente lo amo y quiero lo mejor para él, o si sólo lo hago porque me molesta, porque soy más fuerte que él, porque quiero hacerle daño, porque... Porque la misericordia ha de estar por encima del juicio, el amor debe prevalecer al juicio.
¿Cómo me gustaría a mí que me juzgaran o corrigieran?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.