domingo, 22 de febrero de 2015

Una Alianza de Amor

Cuando escuchas varias veces las mismas lecturas no siempre sacas las mismas conclusiones, y, en el caso de la Palabra de Dios, no siempre el Espíritu inspira las mismas cosas. Ayer sábado tuve 3 misas con las lecturas de este domingo I de cuaresma, pero me quedo con lo que pensaba a lo último de las lecturas.
Dejé de lado las tentaciones de Jesús en el desierto y me quedé con la primera lectura: la alianza de Dios con Noé, y con todos los hombres. Y me llevó a pensar en la relación que se produce en una alianza, pero no en una alianza cualquiera, sino en una alianza por amor: el amor de Dios por su creación, por el hombre. Pensaba ¿por qué se rompe una alianza de amor? pero también ¿por qué se vuelve a realizar esa misma alianza?
Uno de los motivos es la infidelidad de una de las dos partes. Pero una infidelidad que muchas veces no es por otros amores, sino porque no se sopesó realmente lo que se había logrado, lo que se había realizado, lo que se había elegido. En algunos casos se realizan alianzas de amor sin saber lo que eso significa para la vida de quienes la realizan, quizás una de las partes sí, pero la otra no.
En este caso Dios sí sabe por qué realiza una alianza con el hombre, por que lo ama y quiere que alcance la plenitud de su vida, que llegue a recibir todos los dones que su Padre tiene para Él.
Como en toda alianza hay límites, hay derechos y obligaciones, que si realmente hay amor no se notan, no se sienten las obligaciones ni se quieren los derechos, porque se ama y eso es lo importante. Pero cuando el amor pierde calor, pierde fuerza se comienzan a exigir los derechos y se marcan las obligaciones. Hasta que finalmente la alianza se vuelve a romper.
Y ¿por qué se renueva una alianza? Por lo mismo que se hizo la primera vez, por amor. Pero quien pone (por ponerle un nombre) más es quién más ama, porque sólo quién más ama vuelve a perdonar, una y otra vez.
Y Dios nos vuelve a perdonar, una y otra vez. Vuelve a querer creer en este hombre que no sopesa el valor de esta Alianza. Una Alianza que no se sella con tinta, ni con un beso, ni con un anillo, sino que se sella con la Sangre derramada en la Cruz por el Hijo Único, porque "Dios amó tanto al mundo que le envió a Su Hijo Único que murió en una Cruz".
Esta es la definitiva Alianza de Amor de Dios con el Hombre ¿no es para tenerlo en cuenta? ¿No nos invita a meditar más profundamente en lo que puede significar en nuestra vida tan hermosa y gran Alianza? ¿No deberíamos pensar más en cuánto nos Amó el Padre y el Hijo, y no tanto en lo que se nos exige para ser Fieles? "Ama y haz lo que quieras", decía San Agustín. Ama. Es una Alianza de Amor y por Amor, no lo dudes, no dudes de cuánto te ama Aquél que ha renovado la Alianza sin que tú se lo pidas.

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