Cuando pensamos que Dios nos invita, nos llama a ser santos creemos que es una misión imposible. Nos ponemos a pensar en quienes somos, en cómo somos, en nuestros pecados, en nuestras imperfecciones ¡uff! hay tanto para cambiar, para convertir que se nos quitan las "malas ideas" de la cabeza. Y ya nos quedamos sin esperanzas de poder alcanzar el Ideal que nos ha planteado el Padre.
Y por eso el Padre nos habla más de una vez y nos va dando pautas de cómo alcanzar ese Ideal, porque Él, como Padre, no nos pone un alto ideal para que no lo alcancemos, sino que nos lo pone alto para que aflojemos en el camino, para que busquemos cada día un nuevo motivo para seguir subiendo, para seguir andando. También Él conoce nuestra debilidad, nuestro pecado, y, sobre todo, sabe que en nuestra humanidad no están los elementos necesarios para alcanzar un Ideal Espiritual, porque somos demasiados terrenales. Por eso es Él quien nos da los bienes espirituales para que podamos, con Él, alcanzar la santidad.
Pero está en nuestra decisión el comenzar a caminar, el decidirnos no porque somos perfectos, sino porque creemos y confiamos en Su Providencia, en Su Amor, en Su Espíritu.
«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mí voluntad y cumplirá mi encargo.»
Y ¿cómo hago para cumplir su Voluntad? ¿Cómo hago para encontrarme con Él y escucharlo? Y nuestro diálogo con el Padre se llama oración, pero oración sincera, serena, abierta a que Su Palabra penetre en mi corazón:
- «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seas como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así..."
Y nos enseñó las hermosas palabras de Padre Nuestro, palabras que cuando las pensamos nos damos cuenta que todo está en ellas, que no hace falta hablar más porque ya lo hemos dicho todo, y en ellas el Padre nos ha respondido, nos ha escuchado y ahora quiere que le escuchemos.
No es que nos faltan los medios para alcanzar la santidad, sino que nos falta el tiempo necesario para pasar junto a nuestro Padre para que nos acompañe y nos guíe por el camino de la santidad.
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