miércoles, 18 de febrero de 2015

Un hermoso tiempo: cuaresma

Cuaresma un hermoso tiempo en nuestras vidas cristianas.
Sí, me parece que tiene que ser un hermoso tiempo para nuestros corazones, porque es en el silencio del diálogo íntimo y sincero con nuestro Padre, en el que podemos abrirnos a su Gracia y descubrir lo que daña nuestra alma y nuestra entrega.
Un tiempo hermoso porque cada día podemos descubrir la suavidad de Su Mano que viene a purificar y limpiar nuestra vida opacada por nuestro pecado, y darnos el brillo nuevo del Espíritu que cada día nos despierta a la Fidelidad de la Vida.
Un tiempo hermoso en el que el esfuerzo constante por descubrir y vivir Su Voluntad es un Camino de Cruz que nos lleva a la Resurrección y a la Vida, para que todo aquello que nos había quitado alegría, esperanza, fe y amor comience a retornar a nuestro corazón.
Un tiempo hermoso en el que todo nos invita a volver a Dios, a volver a reencontrarnos con un Padre que nos ha amado tanto que envió a Su Hijo Único para mostrar el Camino de retorno a la Vida.
Un tiempo hermoso en el que cada día, desde el silencio y la oración, podemos adentrarnos en el desierto de nuestra vida para volver a experimentar las caricias de Aquél que en desierto me sedujo con Su Amor.
Un tiempo hermoso en el que cada sacrificio se torno gozo, en el que cada ayuno se convierte en Gracia, en el que cada acto de misericordia se transforma en aire nuevo que hace florecer el gozo de creer, que fortalece la alegría de la fe y da motivos de esperanza a aquellos que la han perdido.
Un tiempo hermoso para vivirlo con mucha intensidad, para que cada día limpiemos el corazón y el alma de tantas sombras de rencores, de dudas, de dolor, de agobios, de desencuentros, de mentiras, de vanidades, de egoísmos; de tanta levadura farisaica y herodiana que se ha ido acumulando en los rincones de nuestra vida y que, muchas veces, no nos permiten amar, servir, vivir.
Dejemos que en este hermoso tiempo de Cuaresma Dios nos susurre en el silencio del desierto cuánto nos Ama, para que nos dejemos seducir y podamos volver, como el Hijo Pródigo a la Casa Paterna, al Encuentro con mi Dios y Señor, y abrazado por su Infinito Amor pueda, al final del Camino, resucitar a una Vida Nueva llena de la Luz y de la Paz del Espíritu que Su Hijo nos entregó.

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