jueves, 19 de febrero de 2015

Es nuestra elección

Ya desde el comienzo del Pueblo de Israel, Dios ha dado libertad al hombre para elegir, lo ha enfrentado a su libre albedrío y le ha mostrado las consecuencias:
"Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal".
Y también, cuando vino el Hijo de Dios, antes de llamarnos e invitarnos a seguirlo, nos ha puesto la condición sin la cual no podíamos seguirlo, o, de otro modo, las consecuencias de aceptar la vida cristiana:
«El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»
No tenemos ninguna obligación de ser cristianos, o católicos, o judíos, o musulmanes, o ateos. Son decisiones personales, libres y conscientes que tomamos, o deberíamos tomar en coherencia con lo que creemos, con lo que sentimos y con lo que queremos vivir o alcanzar.
Aunque lamentablemente, hoy, el término de libertad se ha tergiversado mucho, y mucho más el término coherencia, porque para ser coherente conmigo mismo tengo que ser incoherente con lo que creo, o mejor dicho, quiero vivir (sobre todo siendo cristiano) pero no quiero las obligaciones o el Camino que me marca Cristo. Por eso, en mi libertad, quiero recibir los derechos del cristiano pero no quiero las obligaciones cristianas.
Por eso, en este tiempo de Cuaresma que ayer hemos comenzado, hemos de reflexionar mucho sobre cuál ha sido y debe ser mi decisión, cómo ha sido y cómo debe ser mi vida cristiana. Porque Jesús antes de decirle a la gente si quería seguirlo le mostró lo que iba a tener que Él mismo tendría que vivir:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
No podemos decir que nos mintiera cuando nos llamó a seguirle. No podemos decir que no nos dejó claro cómo vivir. No podemos decir que no está escrito lo que Dios quiere que vivamos si elegimos ser sus hijos.
Pero sí podemos decir que no lo hemos escuchado para saber qué y cómo vivir. Hemos cerrado nuestros oídos a Sus Palabras y por eso creemos que podemos cambiarlas, pero ya lo dijo el mismo Jesús:
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos".
Este es un tiempo para meditar si estamos dispuestos a ser Fieles a la Vida que Dios nos invita a vivir o si, mejor, tomamos nuestro propio camino. En nosotros está la decisión.

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