"Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos".
¿Por qué? Porque no todos responden de la misma manera al llamado de Dios: algunos se hacen los sordos, otros lo niegan, y, otros, quizás los menos, aceptan el llamado y responden con generosidad. A aquellos de corazón generoso y dispuesto los escoge el Señor para que sean una gran luz en las tinieblas y en la tibieza, no sólo del mundo, sino también dentro de la misma iglesia.
En verdad creo que nos hemos vuelto demasiado tibios los católicos y por eso Dios va suscitando ejemplos de vida, como el Beato Carlo Acutis, para hacer un llamado de atención a nuestro estilo de vivir la fe.
En estos días se ha escuchado mucho que el nuevo Beato es un ejemplo para los jóvenes, y, en realidad es un ejemplo, o debería serlo, para todos sin distinción de edad ni sexo, porque la santidad no es sólo para algunos, sino que es un llamado a todos. Pero no todos pensamos que la santidad es para mí. Y sí, la santidad es la primera llamada que nos hace el Señor, a todos los que hemos recibido su Espíritu.
Y, es más, diría que nos que llevamos más años dentro de la vida de la iglesia tenemos que sentirnos cuestionados por la vida de Carlo Acutis, porque los que nos creemos más maduros en este camino, creo, que no estamos dando el testimonio que nos ha brindado este adolescente de 15 años.
El amor que él demostró hacia la Eucaristía, el Rosario, la Confesión, el trabajo apostólica en su parroquia, ¿es el mismo amor y entrega que tenemos nosotros? O, como todos, siempre tenemos el mismo argumento o excusa: no tengo tiempo para esas cosas...
Y después queremos que los jóvenes vivan con fe y encuentren el camino del Señor. ¿Cómo lo van a hacer si lo que nosotros que estamos dentro no les brindamos un testimonio convincente? ¿Si estamos más preocupados de las cosas del mundo que de las cosas del espíritu? Por eso, se repetiría aquí aquella afirmación del Señor en la parábola del rico y el pobre Lázaro: que el Señor respondía al rico: "aunque resucite un muerto no creerán".
Puede haber muchos más santos, ¡y que si los hay! que nos demuestran que el camino del evangelio es propio y nos da una Vida Nueva, pero no nos interesan los consejos evangélicos, ni los llamados de atención del Señor. Porque, en realidad, vivir en el mundo y cumplir con la iglesia, es lo que mejor se nos da, y por eso, la tibieza ha invadido nuestras vidas, haciendo que la vida de fe no sea algo que agrade ni que convenza.
¿Será, entonces, tiempo de espejarnos todos en la vida de este adolescente pero gran santo que nos ha puesto la iglesia como espejo?
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