viernes, 23 de octubre de 2020

Discernir los signos de los tiempos

"Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?"
¿Cómo no sabemos discernir los signos de los tiempos? Pero ¿para qué discernir los signos de los tiempos? ¿Para saber si tenemos que salir con paraguas o con bañador? No, para saber cómo tenemos que vivir, y dónde poner y cuándo poner más fuerza o más espíritu o más conciliación o...
Vivimos tiempos de violencia. ¿Tenemos que poner violencia? No y sí. ¿En qué quedamos? Tenemos que poner más violencia en nuestro interior, tenemos que hacernos más violencia interna para poder vivir más radicalmente nuestra fe. Ya no podemos quedarnos cómodos en nuestros sofás y bancos de iglesia, sabiendo que hay otros que fuera de nuestras casas e iglesias están haciendo lo posible por destruir la vida y la dignidad del hombre, y, más aún, del hombre de fe.
Tenemos que ser más protagonistas de la historia en nuestro tiempo, porque, como decía algún santo: el mal abunda por la desidia de los buenos. Nos hemos creído o nos han hecho creer que porque somos cristianos tenemos que ser tan buenos, que no podremos nunca decir lo que pensamos. Y, por eso nos hemos quedado con nuestra fe entre las paredes de las casas o de las iglesias.
Y no. NO ha de ser así. Tenemos que estar metidos en todas partes, dando nuestro testimonio, no voceando o gritando o tirando piedras o paredes o quemando recintos ateos, sino quemando la historia con el fuego del espíritu que brota en nuestro interior, con el fuego de la verdad, sin miedo a lo que puedan decir o de lo que puedan hacerme: "fuego he venido a traer a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!".
Pero para que ese fuego pueda arder como Dios quiere, es necesario que yo esté totalmente unido al Señor. Mi vida como cristiano tiene que estar firmemente unida a la Vida Verdadera, para que sea Él quien me nutra con su Espíritu, quien me ayude a ver con la Luz de sus Dones lo que debo hacer y cómo vivir. Que sea Él quien oriente mi voluntad de acuerdo a Su Voluntad, y me utilice como instrumento para anunciar a viva voz el mensaje de Su Evangelio.
Pero, claro, antes tengo que estar convencido que Su Palabra es viva y eficaz, que Su Palabra es Palabra de Dios, que su Palabra es la Luz para mi vida, y que por eso, intento, haciendo violencia interna y luchando, como san Pablo, entre mi carne y mi espíritu, para que la Palabra se haga vida en mí, y no me deje contagiar por la palabra del mundo que nos lleva a la perdición.
Hoy, es cuando tenemos que aprender a discernir los signos de los tiempos. No son fáciles, pero "para Dios no hay nada imposible", si nos dejamos guiar por su Voluntad será Él quien nos de la Gracia y la fortaleza para vivir de acuerdo a lo que los tiempos nos están reclamando.

 

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