Hay veces que hay que volver a releer las palabras que Dios nos dirige por medio de sus apóstoles. Y este, para mí, es uno de esos casos. Aunque la palabra de San Pablo es fuerte y puede causar dolor al alma, creo que es bueno poder volver a meditarlas con serenidad y frente al Señor, para saber si nosotros, también actuamos con los Galátas en su momento:
"Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación? ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne? ¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores?
¡Ojalá no haya sido en vano! Aquel que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?".
¿Cuántas veces nos hemos dejado llevar por los sentimentalismos o instintos sin tener en cuenta la Voluntad de Dios? ¿Cuántas veces hemos tirado por la borda todo aquello que habíamos conseguido por la oración y el sacrificio? ¿Cuántas veces nos hemos dejado llevar por el qué dirán y no por lo que debo hacer? ¿Cuántas veces.... hemos sido gálatas insensatos que no nos hemos puesto a pensar que nuestras obras eran testimonio de vida para otros que buscan a Dios?
Sí, nuestra vida siempre es un testimonio para los demás, aunque no nos guste pensarlo, aunque yo diga que no soy nada, o que no sirve para nada. Porque no hemos sido nosotros quienes nos hemos elegido para ser luz, sal y fermento en la tierra, sino que el Señor nos ha elegido "desde antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia".
Es por eso que, muchas veces, nos llama la atención para que abramos los ojos y nos demos cuenta que nos hemos alejado del camino. Aunque sigamos haciendo siempre lo mismo y no veamos grandes pecados en nuestras vidas, pero nos estamos volviendo tibios en el vivir, tibios en la oración, tibios en el sacrifico de hacer la Voluntad de Dios, tibios en el amor, en la fe y en la esperanza. Y sabemos que a los tibios el Señor los detesta.
Por eso, no nos asustemos cuando el Señor levanta la Voz y nos llama la atención, simplemente lo hace porque nos ama y porque sabe todo lo que podemos dar. Sabe, además, que el mundo siempre nos estará tentando y, más aún, el Príncipe de este mundo que está "buscando a quién devorar", nos pondrá situaciones no para grandes pecados, sino para que sigamos cómodos en la tibieza de nuestro sofá, y no nos preocupemos de alcanzar la santidad que es necesaria para iluminar el camino de los que buscan con sinceridad de corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.