«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
No hace mucho escuchábamos esta parábola, pero siempre hay algo que vuelve a nuestra mente, y nos quiere decir algo nuevo. Bueno, por lo menos a mí. Y ¿qué ha de nuevo? Me quedé pensando o fijando mi mirada en lo que dice el Señor: "pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante el día y noche?; ¿o les dará largas?"
Este ¿o les dará largas? a nosotros, pobres mortales que vivimos en el tiempo, nos parece, casi siempre, que el Señor nos da largas a nuestros pedidos. Que no siempre responde cuando se lo pedimos. Y esa es la razón: nosotros vivimos en un tiempo donde "nunca tenemos tiempo", claro que ese "nunca tenemos tiempo" no es como el sin-tiempo de Dios, pues para Él todo es eternidad y no tiene horas como nosotros.
El "nunca tenemos tiempo", es lo que perjudica nuestra vida humana y espiritual, porque siempre andamos corriendo de un lado para otro, y esto ocurre desde que ponemos nuestros pies sobre la tierra. Sí, porque desde pequeños vemos que ya casi no tienen tiempo disponible, porque todo el tiempo se está ocupado en algo prefijado.
La vida que llevamos nos hace pensar que siempre nos faltan horas para hacer más cosas, y no nos damos cuenta, que, en realidad, nos sobran cosas para hacer, y así tendríamos más horas para hacer lo que es más necesario en nuestras vidas.
¿Todo lo que hacemos en el día es tan indispensable? Porque no siempre y no todas las cosas que pensamos que tenemos que hacer han de ser "tan necesarias".
Por eso, si dejásemos de hacer algunas cosas podríamos tener tiempo para lo mejor: "Marta, Marta, te inquietas y te afanas por muchas cosas. María eligió la mejor parte, y no le será quitada".
Cuando veamos que no tenemos tiempo, vayamos a Dios y entremos en el Tiempo de Dios, que es un Sin-Tiempo, y vamos a descubrir como, a los pies del Señor, encontramos la luz para poder asumir sólo lo necesario para ese día. Y lo que veíamos como un correr contra el tiempo, se convertirá en un vivir con paz en el tiempo de Dios. Y en ese momento descubriremos que Dios nunca da "largas" a nuestros pedidos, sino que los otorga en el momento justo, cuando nosotros "entramos" en su tiempo y vivimos en Él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.