Del Sermón pronunciado por san Carlos Borromeo en su último sínodo
Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor ha puesto en nuestras manos los
medios con que poder ayudar fácilmente, si queremos, esta debilidad. Algún
sacerdote querría tener aquella integridad de vida que sabe que se le demanda,
querría ser continente Y vivir una vida angélica, como exige su condición, pero
no piensa en
emplear los medios requeridos para ello: ayunar, orar, evitar el trato con los
malos y las familiaridades dañinas y peligrosas.
Algún otro se queja de que, cuando va a salmodiar o a celebrar la misa, al
momento le acuden a la mente mil cosas que lo distraen de Dios; pero éste, antes
de ir al coro o a celebrar la misa, ¿qué ha hecho en la sacristía, cómo se ha
preparado, qué medios ha puesto en práctica para mantener la atención?
¿Quieres que te enseñe cómo irás progresando en la virtud y, si ya estuviste
atento en el coro, cómo la próxima vez lo estarás más aún y tu culto será más
agradable a Dios? Oye lo que voy a decirte. Si ya arde en ti el fuego del amor
divino, por pequeño que éste sea, no lo saques fuera en seguida, no lo expongas
al viento, mantén el fogón protegido para que no se enfríe y pierda el calor;
esto es, aparta cuanto puedas las distracciones, conserva el recogimiento, evita
las conversaciones inútiles.
¿Estás dedicado a la predicación y la enseñanza? Estudia y ocúpate en todo lo
necesario para el recto ejercicio de este cargo; procura antes que todo predicar
con tu vida y costumbres, no sea que, al ver que una cosa es lo que dices y otra
lo que haces, se burlen de tus palabras meneando la cabeza.
¿Ejerces la cura de almas? No por ello olvides la cura de ti mismo, ni te
entregues tan pródigamente a los demás que no quede para ti nada de ti mismo;
porque es necesario, ciertamente, que te acuerdes de las almas a cuyo frente
estás, pero no de manera que te olvides de ti. Sabed lo, hermanos, nada es tan
necesario para los clérigos como la oración mental; ella debe preceder,
acompañar y seguir nuestras acciones: Salmodiaré -dice el salmista- y
entenderé. Si administras los sacramentos, hermano, medita lo que haces; si
celebras la misa, medita lo que ofreces; si salmodias en el coro, medita a
quién hablas y qué es lo que hablas; si diriges las almas, medita con qué
sangre han sido lavadas, y así haced/o todo con espíritu de caridad; así
venceremos fácilmente las innumerables dificultades que inevitablemente
experimentamos cada día (ya que esto forma parte d nuestra condición); así
tendremos fuerzas para dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás.
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