domingo, 24 de noviembre de 2019

Su reinado, nuestro reino

"Mi reino no es de este mundo", le dijo Jesús a Pilatos. Y nosotros pedimos, cada día: "venga a nosotros tu reino". Pero ¿cuál es ese reino? ¿Quién tiene que reinar en ese reino? ¿Reinamos nosotros porque fuimos ungidos reyes el día de nuestro bautismo? ¿Reina el Señor? ¿Quién tiene que reinar?
Por eso decimos: venga a nosotros tu reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo. ¿Por qué "como en el Cielo"? Porque en el Cielo saben bien Quién es el Rey, ahí conoceremos a Dios tal cuál es porque lo veremos cara a cara, dice san Pablo.
Por eso mismo, porque ahora no lo vemos tal cual, es que se nos confunden los papeles: creemos que los reyes de nuestras vidas somos nosotros, aunque digamos que no lo somos, porque sabemos Quién es el Rey: "el Rey de Reyes es el Señor". Pero... ¡qué le vamos a hacer somos humanos! Y así nos conformamos sabiendo que no estamos haciendo la Voluntad de Dios, sino que aún seguimos haciendo la nuestra sin tomar conciencia que mientras sigamos haciendo nuestra voluntad, el reino de los Cielos no se instaurará en la tierra.
Hoy no somos pocos los que queremos que la Ley o la Voluntad de Dios sea la ley y la voluntad de los que quieren dominar el mundo, cambiando y modificando desde la ley natural hasta la ley divina.
Y, para peor, somos muchos los cristianos que decimos ¡Amén! a lo que el Príncipe de este mundo nos va dictando a través de los que más gritan y protestan. Pero seguimos diciendo: hágase tu voluntad en la tierra como el cielo...
¿Tendríamos que ponernos de acuerdo internamente, verdad? ¿Cuál es el dios que queremos? ¿Cuál es el Dios que queremos seguir y que reine en nuestras vidas? Por que, muchas veces, vemos que no es el Dios Padre todopoderoso, padre de nuestro Señor Jesucristo, quien reina en nuestras vidas. ¿O sí?
Me parece que no...
Y llega el final del tiempo ordinario y me presenta a un Rey que está sentado en su trono real, pero no es el trono de los reyes de este mundo, es una Cruz de madera y con una corona de espinas, y ese Rey quien quiere venir a mi vida y hacerme ver que la única Ley válida en el Reino es la Ley del Amor: amaos unos a otros como Yo los he amado. Porque la única Ley para este Rey Universal fue: no he venido a hacer mi voluntad sino la del que me envió. Y a imagen de Él fuimos consagrados el día de nuestro bautismo como reyes, sacerdotes y profetas, porque nuestro reinado es como el de Él: desde la Cruz de cada día para hacer la Voluntad del Padre.

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