miércoles, 20 de noviembre de 2019

Testimonio en las pequeñas cosas

"El otro llegó y dijo:
“Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, porque eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.
Él le dijo:
“Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.
Entonces dijo a los presentes:
“Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez minas”.
Le dijeron:
“Señor, si ya tiene diez minas”.
“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene..."
¿Cuántos dones ha dejado el Señor en nuestras vidas? ¿Qué hemos hecho con ellos? ¿Nos hemos preocupado de ponerlos "a trabajar" para que den fruto?
Y ahí está nuestra gran pregunta: ¿dan frutos nuestros dones? Porque pareciera que, aunque hacemos mucho, no vemos muchos frutos. Y esa es una verdad como un pino: no siempre vemos los frutos de lo que hacemos. Quizás no los vemos porque esperamos que lo que sembramos nazca pronto y de fruto pronto, pero, en realidad, el Señor no quiere que nos fijemos en los frutos, pues Él sabe que los frutos tardan su tiempo. Lo que quiere en realidad es que no nos quedemos con los dones guardados, siendo perezosos o poniendo excusas que no sirven de argumento frente a nuestra pusilanimidad.
El Señor quiere que nos esforcemos por dar "uso" a los Dones que nos ha regalado, para que llevemos Su Palabra con nuestra vida a todos lados y a todos los hombres, que vivamos y transmitamos con nuestra vida el gozo y la alegría de saber que Él nos ha llamado y nos ha enviado para ser sus testigos hasta el fin del mundo.
¿Cuándo veremos los frutos? Sólo Dios sabe cuándo germina la semilla y cuándo comienza a florecer para luego fructificar. A nosotros se nos pide ser sembradores de la Palabra, de la Vida, de la alegría, de la esperanza, de la fe y del amor. También tendremos que regar esa semilla con nuestro testimonio constante, porque nuestro actuar de cada día, nuestra fidelidad a las pequeñas cosas de cada día, nos harán testigos verdaderos de lo que predicamos y queremos vivir.
Por eso mismo, en las lecturas del libro de los macabeos se nos ofrecen los testimonios de los mártires que fueron ofreciendo sus vidas antes de quebrantar la Ley que habían aceptado vivir. Así en las pequeñas cosas de cada día manifestamos nuestra fidelidad al Evangelio viviendo el Amor a Dios y a los hermanos como Jesús nos enseñó.

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