En esta última semana del Tiempo Ordinario, comenzamos a leer la historia de Daniel. En este primer párrafo vemos cómo Daniel y sus compañeros deciden no "contaminarse" con la comida real (que estaba prohibida por la Ley de Moisés) y piden que les den sólo legumbres y agua, que era lo permitido. Y es por esa fidelidad a la Ley que Dios les concede:
"Dios les concedió a los cuatro inteligencia, comprensión de cualquier escritura y sabiduría. Daniel sabía, además interpretar visiones y sueños".
No siempre cotejamos nuestras vidas con las cosas que Dios nos prohíbe hacer, o mejor dicho, con lo que Dios nos pide que no realicemos (puesto que no nos quita la libertad, sino que nos aconsejad vivir de tal manera) porque no siempre confiamos que La Palabra de Dios sea verdadera y real para nuestra vida y para este tiempo que vivimos.
Para muchos los consejos evangélicos y los mandamientos son cosas de otros tiempos, y, para este tiempo, habría que modificarlos y aceptar lo que se está viviendo de manera habitual. Sin embargo, hay muchas propuestas que hoy escuchas por los medios y que muchos proponen como la gran alternativa, que se cumplirían si se aceptaran los mandamientos de Dios.
Pero, bueno, en un mundo donde nos creemos todos dioses no se puede llegara a proponer lo que hicieron Daniel y sus compañeros, porque pedir o decir que no quiero hacer tal o cual cosa porque no es voluntad de Dios, sería un horror y te tildarían de retrógrado porque piensan que eso es cosa de viejos, y así estás espantando a la gente de la iglesia.
Entonces ¿cómo ser fieles a Dios sin que te tilden de retrógrado? Fácil: viviendo fielmente a Dios y, como le dijo Pedro al Sumo Sacerdote: "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Cuando realmente creemos en Dios y creemos en Su Palabra (porque no podemos decir que creemos en Dios y no creer en su Palabra, o mejor dicho, sí lo podemos decir y hacer, pero es una incongruencia o una incoherencia) intentamos, a pesar de nuestra debilidad humana, de ser Fieles a la Voluntad de Dios, pese a quien le pese. Como diría alguien: si no te gusta mira para otro lado o no me sigas en Facebook.
Como una vez me pasó: hubo cierta persona en un cierto lugar el mundo que estaba ofendida porque escribía reflexiones espirituales en mi página de facebook. ¡Pobre! Claro que dejó de seguirme. Y yo lo lamenté, no por perder un seguidor sino porque no entiende que quien tiene una misión la tiene que cumplir (aunque sea con defectos)
Y así lo tenemos que ver todos: te molesta que vaya a misa? problema tuyo. Te molesta que rece? Qué le voy a hacer!. Son cosas que en mi vida espiritual tengo necesidad de hacer, y se que Dios me lo pide para poder seguir intentado ser Fiel a Su Palabra todos los días de mi vida.
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