"Jesús le contestó:
«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados:
"Venid, que ya está preparado".
Pero todos a una empezaron a excusarse".
Las excusas son algo tan ordinario en nuestra vida, que no nos damos cuenta cuántas cosas nos perdemos o cuántas cosas no valoramos por poner tantas excusas. Claro que, generalmente, ponemos excusas para lo que no tenemos ganas de hacer. Hace un días un niño decía: yo no puedo decirles a mis papás que no voy al colegio porque estoy mal, porque ellos son médicos y me descubren enseguida.
Muy sabio el pequeño, sabía que por ahí no podía ir. Pero, sin embargo, tenía la intención de hacerlo, pero todavía no sabía cómo hacerlo. Y, a medida que vamos teniendo años, sí aprendemos a poner excusas para lo que no tenemos ganas de hacer, aunque sepamos que es lo mejor.
En este caso Jesús nos habla del Banquete del Reino ¿quiénes entrarán en el? En algún momento el Señor decía: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos ¿por qué? Por las excusas. Todos hemos sido llamados a participar del Banquete Celestial, pero pocos serán elegidos por que muchos habrán puestos excusas para no vivir como Dios nos pide en su Palabra.
Cada día el Señor nos espera para el Banquete Celestial, la Eucaristía, la Misa, pero ¿cuántos acuden a la cita? Si no vamos al Banquete en la tierra ¿para qué queremos que nos lleven al Banquete del Reino? Si aquí no queremos saber nada con el Señor, entonces, tampoco querremos saber nada de Él cuanto nos llegue la hora y tengamos que llegar al Banquete Celestial.
"Venga a nosotros tu Reino", es lo que decimos en cada Padre nuestro, si es que lo rezamos. Pero no construimos ese Reino aquí en la tierra, porque no siempre hacemos "su voluntad aquí en la tierra como en el cielo", y ¿por qué no hacemos su voluntad aquí en la tierra como en el cielo? Porque, en algunos casos, ni siquiera sabemos cuál es la Voluntad de Dios. En otros casos sabemos cuál es pero no siempre la hacemos porque no nos conviene, o no queremos, o nos parece algo ridículo tener que vivir de esa manera. Y en otros casos porque nos da lo mismo saberlo y hacer que no saberlo ni hacerlo porque nos han dicho que Dios es tan miserciordioso que perdona a todos. Y, por otro lado, para algunos todas estas cosas son inventos de los hombres.
Y todo es como les comentaba alguna que nos contaba una señora: mis hijas se han declarado ateas cuando llegaron a la universidad, dejaron de creer en todo, pero cuando llegaban los exámenes me pedían que le encendiera una vela a la Virgen para que les fuera bien. Cosas de la modernidad.
Pero bueno, cada uno sabe qué camino elige. Si hemos elegido el Camino que el Señor nos propuso en el Evangelio, sabemos que las excusas nos van quitando el protagonismo que Dios quiere para nosotros, un protagonismo que nos lleva a ser instrumentos en sus Manos para la construcción del Reino, pero no podemos ser protagonistas si ponemos excusas cada vez que Él nos necesita.
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