"Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convenido de que rebosáis buena voluntad y de que tenéis suficiente saber para aconsejaros unos a otros.
Pese a todo, os he escrito, propasándome a veces un poco, para reavivar vuestros recuerdos.
Lo he hecho en virtud de la gracia que Dios me ha otorgado: ser ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, ejerciendo el oficio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, sea agradable".
Me parecen genial estas palabras de san Pablo, porque es, quizás, un poco o mucho, lo que uno siente cuando se pone a predicar o explicar el evangelio. Sabemos de la buena voluntad de quienes nos escuchan y creemos que, todos, tenemos el deseo de llegar a ser santos; pero siempre tenemos que exigirnos un poco más, y en eso va no sólo la locura de los predicadores, sino, también, la locura de Dios que ha querido llamarnos a nosotros para predicar su Palabra.
Pero... siempre hay peros, esta Palabra no sólo está en los ministros ordenados, sino que todos tenemos la misión de anunciar la Palabra de Dios, a tiempo y a destiempo, como dice san Pablo. Y esa es la misión de todo bautizado (que se nos ha remarcado muy bien en este mes de octubre): anunciar el Evangelio. Porque la locura del Evangelio no se anuncia sólo con palabras, mejores o peores, sino con la vida misma, pues nuestra vida es un evangelio viviente, o, mejor dicho tiene que ser un evangelio viviente.
"Os he escrito, propasándome a veces un poco, para reavivar vuestros recuerdos", dice san Pablo. Y es cierto, si no nos "sacuden" un poco, a veces, no nos movemos, por eso es necesario usar un poco de astucia para evangelizar. Que es lo que el Señor alaba en el los hombres de este mundo: la astucia para poder vender un producto que no sirve, o la astucia para poder quedarme con el dinero de los demás.
"Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz".
Nadie te va a ofrecer algo, que no necesitas, pero que lo tengas que comprar con una cara triste o con malos gestos, sino que pondrán todo lo mejor de ellos para poder hacerte comprar lo que no quieres y lo que no necesitas.
Sin embargo, nosotros que sabemos que tenemos un tesoro no lo sabemos ofrecer a los demás, porque tenemos una cara de muertos cuando en realidad somos hijos del Dios de la Vida; porque andamos como sin esperanzas cuando el Señor es nuestra Esperanza; porque no sabemos qué decir cuando La Palabra vino a nosotros y nos ha dado su Espíritu para encerder el mundo con el fuego de su Amor... Somos en realidad los peores vendedores de verdades y de vida que existe en el mundo.
¿No te parece?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.