domingo, 10 de noviembre de 2019

Dios de vivos


Tarazona de la Mancha – Diócesis de Albacete

 
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”.
Al leer este evangelio, me he acordado de una poesía, que siempre recordaba mi formador del seminario, de Gustavo A. Bécquer:
No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.
Por que, muchas veces, los cristianos parecemos hijo de un Dios muerto y no de un Dios Vivo, por que nuestras vidas hablan de lo que vivimos, y si realmente creemos en Nuestro Señor Jesucristo resucitado, entonces, nuestra vida tiene que ser un reflejo de esa vida: nuestro rostro, nuestra mirada, nuestras palabras, nuestros gestos tienen que hacer descubrir a los no creyentes el Camino hacia la Vida.
Y ¿porqué no demostramos lo que creemos? En realidad, no es que no creamos, sino que lo que creemos no está tan enraizado y alimentado en nuestras vidas, por eso las circunstancias de la vida nos quitan la poca Vida Espiritual que tenemos y eso se refleja en nuestro actuar cotidiano.
Es por ello, que, en muchos casos, vamos aceptando métodos de reflexión, de autoayuda que son contrarios (o quizás no tanto) del Evangelio, porque el Evangelio no es parte de mi vida, y no encuentro en él la ayuda necesaria, pero no porque la Palabra no tenga Vida, sino porque no soy constante en la reflexión y la oración, y mi alimento no es el Pan de la Vida.

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