"Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra.
Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: el poder os viene del Señor, y la soberanía del Altísimo.
Él indagará vuestras acciones y sondeará vuestras intenciones.
Porque, siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni actuasteis según la voluntad de Dios".
Muchas veces, al leer la Palabra de Dios o escucharla, nos puede suceder como con esta Palabra del libro de la Sabiduría: la podemos llegar a ubicar en el contexto de los gobiernos de las naciones, o de los políticos que últimamente (en muchos países) has ido a las elecciones. Y... todo puede ser. Pero, como dice un refrán popular: a quien le quepa el sayo que se lo ponga...
Y en ese sentido tenemos que intentar que el sayo nos quepa a todos, porque la Palabra de Dios no va dirigida a los otros, sino a mí que la escucho y la leo. Sí, a mí como cura y a tí que estás del otro lado de la pantalla, pero no se si a otra persona le toca porque no se si la está leyendo o si la comprende.
"Al más pequeño se le perdona por piedad, pero los poderosos serán examinados con rigor".
¿Por qué pongo esta frase en particular? Porque los que leemos la Palabra de Dios, los que la hemos escuchado tantas veces, los que la han estudiado, los que rezamos o vamos a misa, somos los grandes, somos quienes han sido instruidos por Dios y por eso, a nosotros, se nos pedirá más responsabilidad sobre nuestros actos, palabras y obras, que a los pequeños que no han oído la Palabra o no conocen a Dios. Por aquello que dijo Jesús alguna vez: "a quien mucho se le dio mucho se le pedirá".
Por eso no pienses que la Palabra de Dios es solo para aquellos que tú sabes que ¡qué bien que le iría! sino que es para tí y para mí, para que sepamos que la hemos escuchado y que somos quienes la debemos transmitir, enseñar y, sobre todo, mostrar qué bien nos ha hecho en nuestras vidas.
Así, de este modo, somos nosotros los poderosos pues tenemos el Poder de transformar el mundo trasnformando nuestro corazón y siendo verdaderos instrumentos en manos del Señor.
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