"Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa; pues también este es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
Hay muchas cosas para pensar en este evangelio de Zaqueo, pero hay una por la que quiero comenzar: "todos murmuraban diciendo...". ¡Qué acostumbrados estamos a murmurar sobre los demás! En estos días atrás, el Papa Francisco decía que "la murmuración era de satanás", y es verdad, porque Satanás siempre quiere estropear lo bueno y amable, y la murmuración (algo que hace constantemente) va queriendo destruir algo que puede llegar a ser bueno. Mirad si esa murmuración llegaba a los oídos de Jesús y le hacía caso a lo que dicen: no hubiera entrado a la casa de Zaqueo y éste no se hubiera salvado.
Sin embargo, Jesús, que mira el corazón del hombre, puede hacer que la salvación llegue a la casa de quien nosotros no lo hubiésemos hecho. Porque, quizás, no hubiésemos ido a la casa de Zaqueo porque era pecador.
Pero Jesús miró el corazón de Zaqueo y vio que él lo estaba buscando, no sólo por curiosidad, porque uno no hace esas locuras sólo por curiosear, sino que el subirse al sicomoro (un hombre de su situación social) no era un acto de simple mirar, sino que había algo en su corazón que lo llevó a ese momento. Y eso le sirvió no sólo para ver a Jesús, sino para recibir la Gracia del a conversión de parte de Jesús.
Y en esa conversión hay un punto que nos tiene que hacer pensar: "mira, Señor, la mitad de bienes se la doy a los pobres, y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más". Para que haya verdadera conversión hay que sanar lo que hemos dañado, ya sea con nuestras obras, ya sea con nuestras palabras, ya sea con nuestra omisión. Creo que, muchas veces, no hacemos la penitencia adecuada luego de una confesión, porque no sanamos las heridas que hemos provocado, no pedimos perdón a quienes hemos criticado, no devolvemos lo que hemos quitado... Y, lo que es peor, muchas veces ni siquiera pensamos que dañamos con nuestras murmuraciones.
Cuando verdadermente hacemos alguna "locura" para llegar a Jesús, y escuchar Su Palabra, y lo dejamos entrar en nuestra vida, entonces sí puede haber verdadera conversión...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.