Comienza la Homilía de un autor del siglo segundo
Hermanos: Debemos mirar a Jesucristo como miramos a Dios, pensando que él es el
juez de vivos y muertos; y no debemos estimar en poco nuestra salvación. Porque
si estimamos en poco a Cristo, poco será también lo que esperamos recibir.
Aquellos que, al escuchar sus promesas, creen que se trata de dones mediocres
pecan; y nosotros pecamos también si desconocemos de dónde fuimos llamados,
quién nos llamó y a qué fin nos ha destinado y menospreciamos los sufrimientos
que Cristo padeció por nosotros.
¿Con qué pagaremos al Señor o qué fruto le ofreceremos que sea digno de lo que
él nos dio? ¿Cuántos son los dones y beneficios que le debemos? Él nos otorgó la
luz, nos llama, como un padre, con el nombre de hijos, y cuando estábamos en
trance de perecer nos salvo. ¿Cómo, pues, podremos alabarlo dignamente o cómo le
pagaremos todos sus beneficios? Nuestro espíritu estaba tan ciego que adorábamos
las piedras y los leños, el oro y la plata, el bronce y todas las obras salidas
de las manos de los hombres; nuestra vida entera no era otra cosa que una
muerte. Envueltos, pues, y rodeados de oscuridad, nuestra vida estaba recubierta
de tinieblas y Cristo quiso que nuestros ojos se abrieran de nuevo y así la nube
que nos rodeaba se disipó.
Él se compadeció, en efecto, de nosotros y, con entrañas de misericordia, nos
salvó, pues había visto nuestro extravío y nuestra perdición y cómo no podíamos
esperar nada fuera de él que nos aportara la salvación. Nos llamó cuando
nosotros no existíamos aún y quiso que pasáramos de la nada al ser.
Alégrate, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no
tenías dolores: porque la abandonada tendrá más hijos que la casada. Al decir:
Alégrate, la estéril, se refería a nosotros, pues, estéril era nuestra Iglesia,
antes de que le fueran dados sus hijos. Al decir: Rompe a cantar de júbilo,
la que no tenías dolores, se significan las plegarias que debemos elevar a
Dios, sin desfallecer, como desfallecen las que están de parto. Lo que
finalmente se añade: Porque la abandonada tendrá más hijos que la casada,
se dijo para significar que nuestro pueblo parecía al principio estar abandonado
del Señor, pero ahora, por nuestra fe, somos más numerosos que aquel pueblo que
se creía posesor de Dios.
Otro pasaje de la Escritura dice también: No he venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores. Esto quiere decir que hay que salvar a los que se pierden.
Porque lo grande y admirable no es el afianzar los edificios sólidos, sino los
que amenazan ruina. De este modo Cristo quiso ayudar a los que perecían y fue la
salvación de muchos, pues vino a llamarnos cuando nosotros estábamos ya a punto
de perecer.
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