"Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para si mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.
Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano?
De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios, pues está escrito:
«Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios».
Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de si mismo a Dios".
Como no me podía definir por una sola frase de la carta de Pablo, la copie toda íntegra, porque al leerla me vinieron a la mente dos frases más, no de san Pablo:
1. En el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor. San Juan de la Cruz.
2. En el atardecer de la vida me presentaré ante el Señor con las manos vacías. Santa Teresita de Lisieux.
Creo que todo tiene un sentido cuando las unimos al evangelio de ayer, cuando el Señor nos invitó a seguirlo (sí, nos invitó a seguirlo, pues no es una exigencia de Dios que seamos cristianos): "si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue su cruz y que me siga".
Al negarnos a nosotros mismos comenzamos un camino en el que llegaremos a decir con san Pablo: ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí. Porque ese lugar que he dejado libre en mi corazón, de mi ego, es colmado por la Voluntad de Dios y por el Espíritu de Jesús. Por eso: "ninguno de nosotros vive para sí mismo". Y, si no vivimos para nostros mismos y vivimos para Jesús, entonces nuestra vida en una vida en el Amor, y nuestras obras y palabras tienen que estar teñidas el Amor de Cristo, del Amor de Dios. Por eso la pregunta en el día final será sobre cuánto hemos amado, y no cuánto hemos rezado, porque el rezar y los sacramentos son para poder amar.
Y, si vivimos para Cristo y somos de Cristo, entonces también, nuestra vida de amor, será de una entrega total y exclusiva en manos del Señor: iremos gastando nuestra vida en vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios. Amar a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como Cristo nos amó, signfiica no dejarnos nada para nosotros, y, cuando nos presentemos ante el Señor, habremos dado toda nuestra vida por amor, por eso no nos habrá quedado nada para mí, sino que todo se lo habré dado a Él, en los hermanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.