jueves, 28 de noviembre de 2019

La fe y los leones

"En aquellos días, los hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Luego se acercaron al rey y le hablaron sobre la prohibición:
«Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?».
Los celos, las envidias no son cosas buenas cuando atrapan el corazón del hombre, pues lo llevan a condenar al justo, aunque le parezca que es lógico y justo. Lo vemos en este pasaje de Daniel, los hombres "fieles al rey" (aunque eran sólo fieles a sí mismos) espiaban a Daniel para verlo caer en algo ilegal, y justo lo encontraron rezando y fueron a contarlo al Rey. A un Rey que admiraba a Daniel, y por eso intentó salvarlo, pero sus "fieles seguidores" insistieron en darle muerte. Pero así como Daniel confió en su Dios, el Rey (aunque no creía en Dios) también confió para salvarle la vida a Daniel.
Y así fue la confianza de los dos en el mismo Dios le dio vida a Daniel, y así el Rey y muchos del reino comenzaron a creer en el "Dios de Daniel".
Un hermoso relato que nos habla de la bajeza moral de algunos y de la confianza heroica de otros, dos partes de la misma humanidad, y, por lo tanto, dos cosas que siempre están anidando en nuestro corazón. No es que seamos muy malos ni tan buenos, sino que, en algunos momentos, nos surgen alguna de las dos cosas, cuando sólo nos movemos por instintos y sentimientos. Por eso tenemos que hacer un serio trabajo de perseverancia y de ascesis espiritual, para fortalecer nuestro espíritu no dejarnos llevar por los deseos humanos que, aunque nos parezcan lógicos y buenos, pueden no serlo a la Luz de la Voluntad de Dios.
¿Qué es la ascesis? me preguntaron hace unos días, cuando lo vieron escrito aquí. La ascesis son las prácticas y hábitos que se hacen cada día para fortalecer el espíritu: se podrían llamar sacrificios que hacen, como diría san Pablo: debilitar la carne y fortalecer el espíritu: el ayuno, la abstinencia, los sacrificios... Todo aquello que me lleve a dominar mis pasiones y descubrir y aceptar y cumplir la Voluntad de Dios todos los días.
En esas prácticas, Daniel, encontró su fortaleza y Dios lo fue premiando con muchos dones, porque su vida tenía que ser testimonio para muchos, no sólo para salvar su alma, sino para mostrar a otros, como lo leemos en esta lectura, que su Dios es el verdadero Dios, como lo decretó el rey:
«¡Paz y bienestar! De mi parte queda establecido el siguiente decreto: Que en todos los dominios de mi reino se respete y se tema al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace prodigios y signos en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones».
Y en la vida diaria hay muchos leones, no como los de Daniel, pero sí que viven a nuestro lado e intentan contra nuestras vidas...

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