"Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás» y cualquiera de los otros mandamientos, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la la ley es el amor".
Un pequeño párrafo de la carta a los Romanos y ya está todo dicho. No hace falta mucho para entender el Nuevo Camino que nos propone Jesús. Aunque queramos encontrar otra fórmula no la vamos a encontrar, podemos dar vuelta la Biblia de un lado para el otro y siempre terminaremos en lo mismo: "la plenitud de la ley es el amor".
No hace falta que nos aprendamos muchas oraciones y mucha teología o filosofía, pues para entender lo que es amar sólo hay que saber amar y poneros a amar. Claro que ese nivel de amor, como el que el Señor nos tuvo, exige mucho más que una simple frase aprendida de memoria, porque para poder amar de ese modo necesitamos haber dicho que sí al llamado que Él nos ha dicho antes:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío".
Porque el único modo que tenemos para amar como Él nos amó, es renunciando a todo, incluso a nosotros mismos, para poder Amar al Señor y a nuestros hermanos, como Él nos amó.
¿Por qué tener que renunciar a nosotros mismos y a todo lo demás? Porque si no siempre tendremos una excusa para no "salir" de nosotros y amar a los demás. Por que el amor que el Señor nos exige no es un amor de mero sentimiento, no es un amor afectivo (aquél amor de que sólo amo a quien me ama y con quien me gusta estar) sino que tiene que ser un amor efectivo: amar a todos, sin distinción, incluso a quien me persigue, calumnia y odia...
Por que "¿si amaís a quienes os aman, qué mérito tienen? Eso también lo hacen los paganos?". Nuestro amor debe ser un amor heroico, que va más allá de lo que nos gustaría, y, como diría Madre Teresa de Calcuta: "amar hasta que duela".
Y sí, a Jesús le dolió amarnos, pues nos amó hasta la muerte y muerte de Cruz. A nosotros seguramente no se nos va a pedir morir en el Cruz, pero amar a ciertas personas será una verdadera cruz que nos hará estremecer, pero tendremos que intentarlo para ser verdaderos discípulos del Señor.
Seguramente no tendremos que ir a abrazarlos, pero sí comenzaremos por rezar por aquellos a quienes menos queremos y a quienes nos han rechazado, calumniado u odiado, y ese será el comienzo de nuestro amar a los enemigos. Pero hay que comenzar por algún punto para demostrar que verdaderamente quiero seguirlo al Señor, quien, en la Cruz, dijo al Padre: "perdónales porque no saben lo que hacen". Y, aunque lo pienses, te digo que sí, ellos sabían bien lo que estaban haciendo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.