martes, 19 de noviembre de 2019

Testimonio final

Eleazar era un hombre venerable, modelo de vida, y, el Rey lo estaba obligando a comer carne prohibida por la Ley a lo que él se negaba, y esta a punto de ser torturado y martirizado. Por eso los amigos le pidieron que mintiera diciendo que comía carne sacrificada a los ídolos, pero que era carne preparada por él y permitida. A esta propuesta Eleazar respondió:
«¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo.
Eso seria manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley».
No sólo no podía ser infiel a la Ley del Señor, sino que no podía ser infiel al testimonio que había dado por tantos años a jóvenes y adultos, su vida no era sólo para él, sino para todos aquellos que siempre lo habían visto vivir en fidelidad a Dios.
"Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros:
«Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él».
De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino a la mayoría de la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud".
No es cómo vivimos nuestra vida, sino, sobre todo, como morimos cuando más testimonio damos. El final de nuestros días no sabemos cuándo será, pero sí podemos saber que, cada día, estamos dando testimonio de nuestra vida a todos los demás. Por eso, no sólo nuestro buen comportamiento y nuestra fidelidad a Dios es para ganarnos un lugar en el Cielo, sino que es testimonio para que otros puedan ser, también, fieles al Señor, o encontrar un camino hacia Él, un sentido para su vida en Cristo.
No dejemos que la hipocresía del mundo debilite nuestra vida de fidelidad, y, por nuestra debilidad, confundamos a los que quieren llegar al Señor.

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