De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los cantares
El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y
su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de
él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica.
Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su
principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua
emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del
alma, el amor es lo único con que la creatura puede corresponder a su Creador,
aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo
semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es
ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor
mismo hace felices a los que se aman entre sí.
El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio
amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor.
¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en
persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?
Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y
exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es
amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello
en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma
abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la
esposa y el Esposo, el Creador y la creatura; hay la misma disparidad entre
ellos que entre el sediento y la fuente.
Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del
que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de
que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura
con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en
claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera.
Porque, aunque la creatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con
todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de
amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es
imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de
amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se
tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con
mayor intensidad.
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