"El Señor me dirigió la palabra:
-«Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones».
Qué hermoso que es saber que el Señor ha pensado en nosotros, en mí, en tí, desde antes de nacer; que tiene y tuvo para nosotros una idea, un plan para realizar. Tiene el Señor un plan, un proyecto para cada uno de nosotros, un proyecto para que podamos llevar a las naciones la buena noticia de nuestro valor original, de nuestra dignidad original.
A veces escuchamos en labios de gente cercana, de seres queridos, aquella frase: "no sirvo para nada", "no sé para que estoy aquí", "mi vida no tiene sentido". Es que aún no han descubierto este hermoso mensaje de Dios: "antes de formarte en el vientre, te elegí", o aquél otro que renueva y plenifica en labios de san Pablo: "antes de la creación del mundo nos eligió para que fuéramos santos e irreprochables ante Él por el amor".
Y ¿cómo poder descubrir este maravilloso mensaje? Sabiendo, primeramente, que Él no nos habla a los gritos, sino que nos habla en el silencio; confiando en Su Palabra que es su Voz escrita para que leyendo pueda escuchar, y escuchando pueda creer, y creyendo pueda vivir. Y, así, poder comenzar un diálogo profundo y sincero con mi Padre, con mi Dios, con mi Señor.
También es cierto que, como Jeremías, le ponemos excusas al Señor, pues nos cuesta pensar que podemos hacer tal o cual cosa, que vamos a poder vivir de tal o cual manera, y podemos llegar a decir: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que soy un niño», pues siempre que no queremos hacer algo nos surgen argumentos, para que, después, nos sintamos con angustias y depresivos porque nadie nos ayuda o nadie nos pide nada.
Por eso el Señor le responde a Jeremías:
«No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte»
Él nos elige para que confiemos en Él, para que teniéndole a Él como sostén, como fortaleza no dudemos en lo que hemos de hacer, sólo nos pide confianza en su Palabra para que esa Palabra se haga en nosotros vida, y esa Vida nos renueve y nos transforme en Heraldos del Evangelio, en Testigos de la Verdad, en Apóstoles del Señor que anuncian con su vida el Camino que nos conduce a la Salvación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.