viernes, 15 de julio de 2016

Cumplir ¿para qué?

"Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado»
Escuchamos muchas veces o vemos otras tantas a mucha gente que hace grandes sacrificios: caminar descalzos, ir en peregrinación a tal lugar, no comer tal cosa, o tantas otras cosas que pueden llegar a ser, para algunos, grandes sacrificios. ¿Están bien hechos? Los grandes sacrificios son un signo de un deseo, de una actitud, pero sobre todo son un comienzo de un cambio en el corazón del hombre.
Generalmente vemos que los sacrificios se hacen como "pago" de algo que le hemos pedido a Dios (o a algún santo) y nos lo ha concedido. Pero ¿después de ese día qué pasa con mi vida cristiana? ¿Sigo el camino que Dios me pide vivir o "ya pagué y ¡listo!"?
Creemos, y, muchos lo vivimos así, que nuestra relación con Dios es una relación comercial: yo hago esto pero Tú tienes que hacer lo que te pido, si lo haces yo te voy a ofrecer tal cosa. Claro que es, quizás, la relación que tenemos, también, entre nosotros mismos: si me saludas te saludo, si me llamas te llamo, si el niño estudia lo premio, si hace lo que le digo le doy tal cosa... Hemos convertido nuestras relaciones humanas: familiares, filiales-parentales, de amigos, en relaciones comerciales. Le hemos quitado la gratuidad del amor, por eso, así como vivimos en la tierra pretendemos vivir con el Cielo.
Así nos dice Jesús: si comprendieras lo que significa quiero misericordia y no sacrificio. ¿De qué sirven los sacrificios si no hay amor en nuestras relaciones? Si nuestro corazón aún está lejos de amar, de perdonar, de ser misericordioso con nuestros hermanos nuestros sacrificios no nos han servido, no han sido útiles para convertir nuestro corazón, han sido simples actos para cumplir con una obligación y nada más.
Y, lamentablemente, así hemos ido vaciando todo nuestro tesoro litúrgico de contenido, de valor, casi todo ha quedado en actos para cumplir, y no en encuentros de amor con Aquél que dio la Vida por mí. Por eso cuanto más rápidos sean los actos religiosos mejor, pues vamos solamente a cumplir con una obligación, y cuanto más rápido lo hagamos mejor será.

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