Por medio de Jeremías Dios le decía al Pueblo de Israel:
"Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís: ‘Estamos salvos’, para seguir cometiendo esas abominaciones? ¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mí nombre? Atención, que yo lo he visto.”» Oráculo del Señor".
No estamos muy lejos de estar viviendo la misma realidad, por que, si analizamos bien nuestra conducta vamos a descubrir muchas cosas similares a las que Dios reprobaba al Pueblo de Israel. No respetamos los mandamientos de Dios pues creemos que ya algunos no tienen vigencia en los tiempos que corren, además hay una noción de que la costumbre puede ser más fuerte que la Ley de Dios, y por eso la famosa frase: "como todos los hacen".
Quizás lo que mejor tengamos conciencia sea el "no matar" porque tememos ir a la cárcel, pero en nuestro corazón y con nuestra lengua asesinamos a más de uno, y ni siquiera nos duele en el corazón hablar mal de alguien, ser portadores de difamaciones, o comenzar corrillos que perjudiquen a alguien. Y no hablo sólo de hablar o dañar la imagen de alguien a quien no quiero, sino que, muchas veces, lo hacemos con gente a la que queremos y con ellos mismos andamos a los abrazos y los besos.
Hoy Baal creo que no está de moda, pero vamos adorando dioses humanos, ideologías extrañas a nuestra fe, costumbres y modas que no son propias de nuestra manera de ser, idealizamos cualquier conducta que nos pueda gustar y queremos que sea parte de nuestra vida. Aceptamos en nuestra vida doctrinas anti-evangélicas simplemente por que sí, sin ponerme a pensar lo que eso significa o lo que tendría que ser.
Y después pretendemos que el Señor nos escuche, que haga lo que yo quiera. Voy a su encuentro en la Eucaristía sin más ni más, sin ni siquiera arrepentirme de lo que estoy haciendo o de cómo estoy viviendo. Pero ¡claro! si lo que estoy viviendo no es nada de otro mundo, es lo que se vive en este mundo. Y ¡ese es nuestro error! "Estáis en el mundo, pero no sois del mundo", desde el día de nuestro bautismo y, más, desde que con conciencia hemos decidido ser cristianos, somos de Dios, estamos en el mundo para llevar a cabo la misión que el Padre me ha encomendado por medio del Hijo. Por eso el Hijo me enseñó con su vida que el Camino es de Fidelidad y Obediencia a la Voluntad del Padre, no de fidelidad y obediencia al mundo, pues el mundo cambia el Padre no, el mundo destruye y el Padre da Vida.
No te equivoques pues el Padre conoce nuestra vida y nuestro corazón, podremos poner caras de santos y buenos, pero nuestro corazón puede estar muy lejos del Padre.
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