miércoles, 27 de julio de 2016

Construir el Reino de los Cielos

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo".
¿Se parece un tesoro, para mí, el Reino de los Cielos? ¿Es para mí importante vivir cristianamente? ¿Por qué acepto ser cristiano? ¿Qué hay en el cristianismo que no quisiera perder? ¿Por qué sigo siendo cristiano?
Estas son algunas de las preguntas que se ocurren constantemente al ver nuestra vida cristiana, al ver que no terminamos de valorar de lo que tenemos, lo que Dios nos ha regalado con el Don de la Fe.
¿Qué soy capaz de dejar de lado para agradar a Dios? ¿Soy lo suficientemente fuerte como para abandonar lo que me gusta por obedecer a Dios? ¿Podré dejar todo para seguir al Señor?
Quizás mi respuesta, como San Pedro, sea ¡Te seguiré Señor por donde vayas! pero, llegado el momento no pueda dar testimonio de lo que creo, por miedo, por vergüenza, por esto o por lo otro. Quizás el testimonio no sea dar la vida en martirio como está ocurriendo hoy en tantos lugares, pero sí me puede pedir el Señor que: no hable mal de la gente, que defienda al inocente, que ayude al necesitado, que atienda a quien está a mi lado, que me ocupe de mi familia, y tantas cosas pequeñas de todos los días, para las que, muchas veces, no tengo tiempo, o, simplemente no me doy cuenta porque estoy ocupado haciendo lo que quiero.
Pues, entonces, ¿qué es el Reino de los Cielos para mí? ¿Cómo lo vivo cada día? ¿Cómo lo construyo cada día? Porque es eso lo que decimos todos los días: "venga a nosotros tu Reino". Pero el Reino no cae de sorpresa del Cielo, sino que se realiza por medio de nuestras acciones: "venga a nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad así en al tierra como en el Cielo". Claro... pero Tu Voluntad no es la mía, lo que Dios me está pidiendo no es lo que yo quiero hacer o vivir.
Y ahí está la respuesta a si el Reino de los Cielos es un tesoro para mí o no: no acepto la Voluntad de Dios, por eso no le pregunto qué he de hacer o cómo he de vivir, porque quien no quiere escuchar una respuesta mejor no pregunta. Y así el Reino de los Cielos que lo construyan otros y yo voy a ocupar un pequeño lugar en una pequeña habitación que quede en el final del Reino.
¿Qué es el Reino de los Cielos? Es la vida misma, de cada uno de los cristianos, que se va adecuando a la Voluntad de Dios para hacer de este mundo un Reino de personas que se aman, porque viven en el Amor de Dios, para Dios y por los hermanos, pues han reconocido y conocen que Dios es Padre Nuestro y que mi prójimo es más que eso, es mi hermano.

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