"Esto dice el Señor:
«Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: sacrificaban a los baales, ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje con vínculos de amor.
Fui para ellos como como quien alza a un niño hasta sus mejillas".
Es hermoso y conmovedor escucha al Padre hablándonos de su amor, de paciencia, de su búsqueda constante de nosotros para darnos cobijo, fortaleza, para alimentar nuestros deseos de paz, de felicidad, de armonía, de fraternidad. Un Padre que busca siempre el bien de sus hijos y que por eso debe mostrarles el camino, ayudarles a encontrar los límites que le aseguren un recto caminar, fortalecerles para la lucha continua entre el bien el mal, pero sobre todo, mostrarles en cada etapa del camino su infinito amor.
Él ya no se enfada. Él ya no descargará su ira hacia nosotros porque somos nosotros mismos quienes nos enemistamos entre nosotros, porque hemos dejado entrar el egoísmo y la vanidad, el rencor y el odio en nuestros corazones, pues se han vaciado del Amor de Dios, y ha florecido en ellos el deseo del mundo.
Por eso el Padre nos pide constantemente volver a Él, porque sabe que sólo en Él el hombre encontrará caminos de Paz, encontrará caminos de reconciliación.
Es muy tierna la imagen que hoy el libro de Oseas nos muestra, pero no tenemos sólo que quedarnos en la ternura de Dios, sino dejarlo entrar en nuestras vidas, dejar que Él nos tome en sus manos y nos alce hacia su corazón. Que nos tome en sus Manos y nos conduzca por el Camino de la Vida. Que nos tome en sus Manos y nos ayude a vivir como verdaderos hijos de Dios, como verdaderos hermanos que han sido purificados y salvados por la sangre del Hijo Único de Dios, nuestro Hermano.
Es muy tierna y gratificante la imagen que nos muestra el Padre, pero sólo quedará en una imagen si no somos reflejo de esa ternura, de esa compasión, de esa misericordia, de ese Amor. Por que "de tal palo tal astilla", somos sus hijos y llevamos en nuestro ser su Espíritu y por eso podemos nosotros ser también, como el Padre, ternura, compasión, misericordia viviendo intensamente su Amor y haciendo su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo.
Por que de nada sirve que nos estremezcamos frente a una imagen Dulce y Tierna de nuestro Padre Celestial, si en nuestra vida no reflejamos el rostro del Padre, si no vivimos con los demás aquello que el Padre y el Hijo viven con nosotros.
Sí, deseemos estar siempre en brazos del Padre, como hijos pequeños, para poder tomar su Espíritu y llevar su Amor a todos aquellos que necesiten de Dios.
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