"Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.
Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
¿Estaba enfadado Jesús al pronunciar estas palabras? No lo creo, más bien estaba desilusionado, porque en estas ciudades había realizado grandes prodigios, había predicado y lo habían seguido, pero no habían convertido su corazón.
No quiere Jesús que sólo lo alabemos por lo grande que es. No quiere que lo sigamos simplemente porque puede hacer milagros. No pretende que nos quedemos con la boca abierta escuchando su Palabra. Él hace todo eso para que nosotros podamos convertir el corazón y llegar a la Vida.
Por que el alabarlo porque es grande, también se alaba a los ídolos, a los grandes jugadores de fútbol, a los cantantes, pero después de un tiempo ya se cambia de persona, de moda, ya se los hunde en el abismo y mueren. Si lo alabamos es por que sabemos que Él es Dios, es nuestro Dios y Señor, y nuestra vida es de Él, y por Él tenemos Vida.
Si lo seguimos que no sea para que nos haga los milagros que queremos, sino porque queremos que el primer milagro sea la actitud de disponibilidad de nuestra vida a la Voluntad de Dios. Que busquemos la Verdad y la Justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura. Que por seguirlo y estar junto a Él en nuestra vida se obrarán los mejores milagros pero no los que nosotros queramos sino los que nosotros necesitemos. Porque en cuanto no haga lo que queramos, seguramente, dejaremos de creer en Él.
Si nos detenemos cada día a leer y escuchar su Palabra no es porque solamente "habla lindo", sino por que Su Palabra es la Luz para mis pasos, es la fortaleza para mi vida, es la guía constante para ser obediente a la Voluntad del Padre. Por que llegan días, como con este evangelio, que diré "¡qué duras son tus palabras, Señor!" y dando media vuelta lo dejaré.
En Corozaín, Betsaida y Cafarnáum hizo muchas cosas, pero así también les pidió mucho el Señor, porque mucho les dio. Ellos no supieron valorar los Dones del Señor y siguieron su camino como si no hubiera sucedido nada en sus calles. En muchos, Jesús, también ha sembrado muchos Dones, pero no hemos sabido apreciarlos y por eso no hemos convertido el corazón, no hemos transitado el Camino de la Santidad. No dejemos que los Dones que el Señor nos ha dado no sean apreciados por nosotros, valoremos lo que tenemos y, con la Gracia del Espíritu Santo, dejemos que produzcan frutos abundantes en nuestras vidas.
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