"Así dice la esposa:
«En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?”. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma».
Buscando el amor. El corazón del hombre siempre busca el amor, porque ha sido creado por el amor y no cesará hasta encontrarlo, pero, muchas veces, no sabe cuál es el verdadero amor, por eso, cuando nadie le muestra el camino siempre anda saboreando amores, creyendo que esos son los verdaderos.
Muchos buscan sabiendo dónde está, otros buscan para no encontrarlo, otros con un corazón necesitado de amor se dejan conducir. ¿Cómo saber cuál es el verdadero amor? ¿Cómo poder encontrarlo cuando lo necesitamos? ¿Cómo estar seguros de que es cierto el amor que hemos encontrado?
El Amor Verdadero es aquél que da sin pedir nada a cambio, ni siquiera pide una "prueba de amor" para saber si es verdadero o no, pues cree sin medida, se entrega sin medida. Nuestro Amor Verdadero fue Aquél que nos dio la Vida y nos llamó a la Vida desde el seno materno. Nuestro Amor Verdadero es Aquél que vino a nosotros y aunque no lo reconocimos nos dio Su Vida para que tuviéramos su Vida siempre con nosotros. Nuestro Amor Verdadero lo encontramos siempre dispuesto a perdonarnos, a levantarnos si nos hemos caído, a curar nuestras heridas, a sostenernos en nuestros tropiezos, y a esperarnos cuando decidimos dejarlo.
Los hombres van buscando el amor sin saber que está a su lado. Van correteando detrás de falsos amores intentando convencer a su corazón de que son los verdaderos. Pero el corazón sabe cuál es el Verdadero Amor, por eso nunca estará satisfecho hasta descansar en Él.
María Magdalena encontró el Amor Amado, encontró el Amor cuando encontró el Perdón, encontró el Amor cuando Él llamó por su nombre, encontró el Amor y encontró la Vida que la llenó de fuerza, de valor y la hizo testigo creíble del Verdadero Amor.
Y es ese Amor el que nosotros buscamos cada día. Es ese Amor el que recibimos en cada Eucaristía. Ese es el Amor que nos fortalece, nos anima, nos motiva y da sentido a nuestro caminar diario por un sendero de santidad, para ser, como María Magdalena mensajeros de la Buena Noticia de la Vida Nueva en el Amor Resucitado, Vivo y Verdadero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.