"La gente decía admirada:
– «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían:
– «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Siempre hay una visión diferente de las cosas y todo depende en el modo de mirar, comprender y razonar. No sólo dos personas diferentes pueden tener una visión distinta de la misma situación, sino que también uno mismo puede razonar de manera distinta depende del modo de mirar.
La gente a la que hace referencia el evangelista, es la gente sencilla, la que no tiene el corazón cargado de enfado, de envidia, de rencores; es aquella gente que esperaba y necesitaba encontrar respuestas sinceras y llenas de esperanzas.
En cambio los fariseos no buscaban esperanzas en Jesús, sino que buscaban una oportunidad para condenarlo, algo con qué acusarlo para quitárselo del medio; por eso, en cada acción que veían de Jesús, nunca veían la mano de Dios, sino que lo acusaban de lo contrario.
Y, lamentablemente, así también es nuestro corazón, pues en nuestro interior tenemos la fuerza del pecado y la luz de la Gracia, la tan famosa lucha de la que siempre habla san Pablo: la carne y el espíritu: "no siempre hago lo que debo sino lo que no quiero".
La fuerza del pecado siempre nos da argumentos, que pueden parecer lógicos y válidos, para pensar que lo que Dios nos pide no es para nosotros, que no podemos hacer eso, o, incluso que haciendo lo contrario todo está bien. Y, sobre todo que, viéndolo a la luz del resto del mundo, lo que vamos a hacer no está tan mal, por eso nos animamos a hacerlo, sin tener en cuenta que eso no es Voluntad de Dios. Pero nos quedamos tranquilos porque nos parece que al no estar mal, entonces, está bien.
La Luz de la Gracia nos hará ver que eso que no está tan mal, no es Voluntad de Dios, que Dios no quiere que yo haga eso que todo el mundo hace como algo que "no está tan mal", sino que lo que el Espíritu me hace sentir es que debo buscar la Voluntad de Dios, aunque, como Jesús, tenga que llorar lágrimas de sangre en el Huerto de la soledad.
Y, ¿cuál es la diferencia entre una cosa y la otra? En que la Luz de la Gracia me dará la Fuerza del Espíritu Santo para ser Fiel a Dios, y alcanzaré una vida santa y la verdadera Paz que me da saber que he realizado "la voluntad de Dios aquí en la tierra como en el Cielo" y así iré sintiendo el gozo y la fortaleza de que mi vida va cobrando sentido y plenitud, pues voy siguiendo el Camino que el Padre ha pensado desde siempre para mí.
Cuando sólo hago lo que tengo ganas y lo que el mundo me presenta como "no tan malo", no alcanzó la santidad, no recibo la Gracia y la Fortaleza del Espíritu, y, sobre todo, no vivo en santidad ni llego a la plenitud de la vida que el Padre soñó para mí.
"Combatí el buen combate, alcancé la meta, no perdí la fe", fueron como la síntesis de la vida de san Pablo que es también referencia para nuestra vida: el buen combate de la fe para alcanzar la Vida Verdadera.
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