Es hermosa la carta de san Pablo a Filemón porque en ella revela sus sentimientos, su sensibilidad y da un paso más acerca de la dignidad del hombre, pues habla de Onésimo, quien era esclavo y ahora, bautizado, es hombre libre y, como tal, un hermano querido.
"Te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien engendré en la prisión, que antes era tan inútil para ti, y ahora, en cambio, es tan útil para ti y para mí. Te lo envío como a hijo".
Aparentemente Onésimo había sido encarcelado y ahí se encontró con san Pablo, quien lo ha bautizado y por eso habla de que lo engendré como hijo, pues le ha dado la Vida Nueva por medio del agua bautismal. Así también nos demuestra lo importante y significativo que es el bautismo en cuanto no sólo nos purifica y transforma en hijos de Dios, sino que nos devuelve la libertad de los hijos de Dios, para que así ya no seamos "ni esclavos ni libres, ni judíos ni griegos" sino simplemente hermanos por ser engendrados por el mismo Padre que está en el Cielo.
"Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor".
Seguramente, como sucedía en aquellos tiempos, el esclavo que se escapaba de la casa de su amo era puesto en la cárcel y muchas veces con castigos peores, y al regresar a la casa a la que pertenecía tenía mayores trabajos o, quizás, mayores tormentos. Por eso mismo Pablo habla de que "se apartó de tí por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre".
Es cierto que, también, nos sucede eso muchas veces con personas a las que queremos (o que a veces pensamos que habíamos querido) que, por x o por z, se alejan de nosotros, o que por tal o cual nos distanciamos e incluso nos peleamos por alguna situación, pero que, luego de pasado el tiempo podemos reconciliarnos y reconocernos como verdaderos hermanos.
La distancia nos hace ver, en algunos momentos, lo que podemos o hemos perdido, y, sobre todo, cuando perdemos a alguien muy querido, siempre nos ayuda a ver el valor del otro, cosa que, cuando estábamos tan cerca no podíamos disfrutarlo o entenderlo. Por eso, la distancia nos cambia y si tenemos la capacidad de reconsiderar lo vivido podemos re-encontrarnos con lo que hemos dejado atrás, de un modo nuevo y más pleno.
"Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí". Los buenos mediadores son los que nos ayudan a rehacer relaciones que se han perdido o se han roto, e, incluso, tenemos que ser esos buenos mediadores que ayuden a unir y no ser los que ayuden a desunir, a las desaveniencias y discusiones, sino ser portadores de amistad, de luz, de paz. Que nuestros celos y envidias no sean causa de divisiones entre nuestras familias, amigos, comunidades, sino que libres de la esclavitud del pecado seamos verdaderos instrumentos de unión y de paz.
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