martes, 20 de noviembre de 2018

Se frió o caliente...

"Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete".
"Tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto", o, como dice el poeta:
"No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavia".
Cuando la rutina y la pereza entran en la vida del cristiano, se nos va enfriando el Amor Primero, se nos va enfriando el espíritu de entrega, de servicio, de amor, de evangelización. Vamos perdiendo aquello que nos identifica como instrumentos de Dios y dejamos que el espíritu del mundo se vaya "filtrando" dentro del nuestro y nos va convirtiendo en lo que no somos, y así, dejamos de iluminar, de dar nuevo sabor, de vivir para Dios.
Por eso mismo el Señor nos recuerda que estemos vigilantes y que, llegado ese momento, nos reanimemos, nos demos nuevos impulsos con la Palabra y convirtiendo nuestra situación perfeccionemos nuestra vida a la Luz del Espíritu de Dios.
Otra advertencia que hoy nos hace, es la siguiene:
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca".
Son advertencias que el Señor nos hace a las Iglesias y a los cristianos, porque Él ve como vamos perdiendo el fuego del Amor Primero, el fuego del Espíritu que está en nuestro corazón, pero que no lo dejamos salir o no lo dejamos obrar. Quizás porque tengamos miedo, quizás por pereza, quizás porque estamos cómodos con el mundo, quizás... hay muchos quizás en nuestras vidas, hay muchas excusas que nos llevan a ser infieles a la Vida que el Señor nos ha dado, y por eso dejamos de ser el fuego abrazador del Espíritu que viene a quemar el pecado en el mundo y a dar Vida Nueva para que se salven aquellos que buscan al Señor.
No creamos que el Señor que busca, en cada momento, nuestra corrección y nos llama fuertemente la atención lo hace con un espíritu diferente al amor, no es así:
"Yo, a cuantos amo, reprendo y corrijo; ten, pues, celo y conviértete. Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo".
Él quiere que estemos con Él, Él quiere que vivamos con Él, pero también quiere que seamos "perfectos como el Padre Celestial es perfecto, y santos como el Padre Celestial es santo", porque el mundo necesita que, como Cristo, dejemos una Huella profundamente marcada para que otros puedan llegar a descubrir el verdadero rostro de Dios, y somos nosotros, los instrumentos que el Señor elegió y que respondieron a su llamado. Por eso, no nos dejemos convencer por el espíritu del mundo que nos invita a enfríar nuestros corazones en la entrega cotidiana, ni dejemos que se muera el fuego del Amor Primero, sino que seamos Cristianos Vivos que Viven el Fuego intenso del Amor que el Espíritu ha encendido en nuestros corazones.

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