Siempre que leemos la Palabra podemos reflexionarla a modo universal o para iluminar nuestra propia vida. En este caso del evangelio de este Domingo donde la liturgia nos lleva a escuchar las profecías del final de los tiempos, me parece, que podemos hacer lo mismo: podemos reflexionar acerca del final de los tiempos y comenzar a hacer elucubraciones de cuándo llegará, de cómo será, de qué pasará, cómo nos encontrará, etc. etc. Y para eso tenemos un millón de películas para ponernos a pensar cómo sucederá, pero creo que no es interesante en estos momentos, o, por lo menos, para mí.
Pero sí, re-leyendo el evangelio se me presentó una imagen que creo que nos puede servir a muchos para reflexionar. Dice el Señor: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán". Claro que Él se refiere al final de los tiempos, pero también podemos pensar en nuestras grandes angustias, porque en toda vida siempre ha habido y habrá grandes angustias. Momentos en donde todo se nos oscurece y nos parece que esta el Cielo se nos viene encima, nos vemos nada y no queremos saber nada de nada, todo nos parece una .. (no puedo escribirlo) y nuestro genio y nuestro espíritu se torna negro y desesperado.
Es en ese momento donde para uno es el fin de los tiempos. Es ahí cuando el Señor nos habla de que miremos hacia el Cielo y veremos bajar al Hijo de Dios que nos trae la salvación. Es en ese momento donde debemos dejar de mirar a nuestra propia miseria y esperar la Gracia que viene de Dios, porque del fondo de nuestro ombligo no vamos a conseguir nada (salvo la basurilla que se nos acumula en el día) Pero si levantamos la mriada al Señor del Universo, a Nuestro Señor y Nuestro Hermano, vamos a descubrir que hay una Vida que aún no hemos vivido, y es una Vida que, a pesar de estar marcada por la Cruz, es una Vida digna de ser vivida y, sobre todo, con la Gracia que viene de la Cruz es una Vida que se convierte en instrumento de santificación y salvaicón.
Por eso mismo la parábola de la higuera, se puede transformar en muchas parábolas, en esas cosas que sabemos de antemano que van a suceder si no hacemos algo antes. Apagar el fuego de la cocina cuando sentimos que se nos quema la comida. Abrigarnos cuando hace frío. ¡Y tantas otras cosas más! Y ¿qué quiere decir eso? Que cuando sientas que la angustia te va a cerrar las puertas del corazón y vas a sentir que el Cielo se te viene encima, no esperes a que todo esté negro, antes levanta la mirada y busca al Señor que viene a tu encuentro, no dejes que la Luz se oscurezca, sino que sal a buscar la Luz donde verdaderamente está eternamente encendida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.