"Él le dijo:
"Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses."
Hay muchas cosas en esta parábola que nos ayudarán a reflexionar sobre nuestras vidas, nuestras conductas, nuestros actos y palabras. Porque en esta parábola se ven las actitudes no sólo de los hombres, sino también el deseo de Dios sobre los hombres, y su manera de vernos y actuar, y exigirnos. Pero no podemos en pocos renglones abarcar todo, por eso me quedo con este diálogo con el último "siervo".
Una primera cosa que me llama la atención es la respuesta del Señor: "por tu boca te juzgo, siervo malo". No tenemos en cuenta, nunca, que son nuestras palabras las que hablan de nosotros: "de la abundancia del corazón hablan los labios", dice el Señor. Y son esas palabras, dichas o calladas, las que van diciendo o expresando quiénes somos en realidad. No sólo porque podamos ser verborrágicos o callados, cotillas o prudentes, sino porque son las palabras que salen de nuestros labios las que el Señor tiene en cuenta cuando nos ve actuar o vivir.
Por eso mismo, el Señor le dice al hombre: "conque sabías que soy exigente?" Si sabías lo que quiero, si sabías lo que tenías que hacer ¿por qué no lo hiciste? ¿Tenías miedo acaso de que lo que hicieras estuviera mal? ¿Tenías miedo de que te criticaran por hacer mal las cosas? El miedo nos paraliza y no nos deja ver con claridad, no nos deja actuar y finalmente resulta todo lo contrario, por miedo de actura no actuamos y dejamos pasar el tiempo, hasta que llega el punto de deseperarnos o entristecernos porque habiando podido hacer no lo hicimos, y nos perdimos la oportunidad de obtener más de lo que podíamos.
Es que al Señor le cuesta mucho aceptar la pereza y la vagancia en sus hijos, pues Él no ha tenido pereza en aceptar la Voluntad de Dios, y nos quiere ágiles y exigentes con nosotros mismos porque "el reino de los Cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan". ¿En serio sólo los violentos? Sí, pero los que se hacen violencia consigo mismos para dejar de lado los miedos, las vergüenzas, las perezas, las vagancias, y pueden dominar sus tentaciones y tonterías y vivir de acuerdo a la Verdad del Evangelio.
Cuando alguien tiene disposición de corazón para hacer la Voluntad de Dios, nunca se queda tirado en el sofá viendo pasar la vida. Todo lo contrario quien tiene disposición de corazón siempre busca caminos de conversión, métodos para cambiar, para entregarse, para darse a los demás. Quizás y, seguramente, se equivocará mil y más veces, pero estará tranquilo porque en todo momento está en una actitud de disposición frente a la Voluntad de Dios, para actuar, para no dejarse vencer por la pereza, el miedo o el qué dirán, sino que lo que más le importa es lo que el Señor dirá de sus actitudes y de sus palabras.
Por eso aquella frase de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", es la mejor le gusta al Señor, porque nos quiere activos y dispuesto a entregarnos por la construcción del reino de los Cielos aquí en la Tierra.
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