Dice San Juan en su carta:
"Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es".
A lo que tendríamos que sumarle lo que nos decía Jesús:
"Sed santos porque vuestro Padre Celestial es Santo; sed perfectos porque vuestro Padre Celestial es Perfecto".
Y así es nuestra vida porque somos hijos de Dios y esa es una gran y hermosa noticia, la hermosa noticia de que somos algo que aún no podemos ver o no podemos descubrir, ni siquiera nosotros ni tampoco los demás. Es algo que no podemos ver porque aún no se ha manifestado en plenitud lo que seremos, pues lo único que vemos es lo que somos.
En este ser actual de nuestra vida nos descubrimos débiles, defectuosos, pecadores, imperfectos, con muchas ganas de ser fieles pero la infelidelidad a Dios es parte de nuestra vida. Es cierto que el pecado original y nuestro pecado cotidiano nos limitan mucho, que lo que hacemos está muy lejos de lo que deberíamos hacer. Pero hay algo que nunca tenemos que perder de vista: "Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!"
Nunca debemos perder de vista el Infinito Amor del Padre por nosotros, un Amor que nos ha llamado a la vida y que nos ha transformado, el día de nuestro bautismo, en hijos de Dios. Un Amor que día a día "clama de nuestro interior a Dios llamándolo ¡Abba! ¡Papá!". Un Amor que día a día nos ayuda, nos sostiene, nos ilumina, nos inspira deseos de santidad para que no dejemos nunca de "luchar el buen combate de la fe", pues mientras estemos peregrinando en este mundo tendremos que mantener un combate espiritual para alcanzar la santidad que el Padre nos ha dado, que no es la búsqueda de perfección humana, sino la búsqueda de la perfección en el Amor.
Sí, no tenemos que ser perfectos humanamente, sino que buscamos la perfección en el Amor: "en la medida en que se amen los hombres reconocerán que sois hijos de Dios" por eso "amaos unos a otros como Yo os he amado". Pues sí, sólo el Amor nos hace perfectos, sólo el Amor nos ayuda a alcanzar la plenitud de las Bienaventuranzas, porque sólo amando como todo nuestro ser llegaremos a ser iguales a nuestro Padre Celestial.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz escribía: "si pensamos que tenemos que amar como Dios nunca lo conseguiríamos porque el Amor de Dios es infinito, pero sí, tenemos que Amar como Dios que se entrego todo por nosotros hasta dar la Vida en la Cruz. Por eso, nosotros tenemos que amar con todo nuestro ser, con toda nuestra alma para poder amar como Jesús nos amó, dándonos todo entero a la Voluntad de Dios".
Así en este día en que celebramos y recordamos a Todos los Santos podemos recordar que ellos como nosotros descubrieron el Amor de Dios y se lanzaron sin pensar a la conquista de la santidad, vivieron un combate diario y alcanzaron la corona de la Vida. Nosotros guiados por ellos también podemos llegar a la meta "sin perder la fe", sabiendo que sólo el Amor puede encender y alimentar nuestros deseos de ser santos como nuestro Padre Celestial es Santo.
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