"Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Siempre ha sido una frase del Señor que me ha llamado la atención y, sobre todo, me preocupa. Sí, me preocupa por el contexto de la parábola que es con lo que, generalmente, nos quedamos. La parábola de la viuda con el Juez habla de la insistencia en pedir, lo mismo que la parábola del amigo insistente (para que os acordéis: pedid y se os dará) y así, en las dos, el final es lo que no nos acordamos casi nunca. Y es el final de la parábola lo que tenemos que meditar, pues en el final siempre está la mejor y mayor reflexión.
En esta parábola el Señor termina diciendo: "pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"
¿Qué quiere decir? Que si Dios Padre nos concede siempre lo que le pedimos, aunque no sea con insistencia (sino como los padres de hoy que ante un primer chillido ya salen a comprar o a decir que a todo que sí a sus hijos), ¿nos ayuda a madurar en la Fe? ¿Nos ayuda a madurar en el amor? ¿Nos ayuda a madurar en la aceptación de la Cruz? ¿Nos ayuda a ser fuertes ante las tentaciones? ¿Nos ayuda a ayudar? ¿Nos ayuda a vivir más radicalmente el amor entre nosotros?
Si vemos cómo maduran los pequeños a los que los padres le dan todos los gustos, vamos a descubrir que, la mayoría, son niños egoístas y que no saben compartir, que creen que hay que darles todo y que les cuesta obedecer. Que, por lo tanto no saben renunciar a sus gustos y que ante cualquier situación difícil ponen el grito en el cielo.
Y así nos pasa, también, a los adultos que decimos ser muy cristianos hasta que nos toca aceptar algo que no es de nuestro gusto o agrado, o algo que no estaba en nuestro planes y proyectos. ¿Por qué? Porque no hemos sabido madurar en la fe, en el amor y la esperanza. Nos hemos contentado con sólo crecer y tener actos de religiosidad, pero no hemos madurado en la fe. No hemos tenido que hacer, cada día, una reflexión acerca de la Voluntad de Dios, para poder discernir, claramente, lo que teníamos que hacer, decir o entregar. Simplemente nos hemos dedicado a vivir, lógicamente, siendo buenos, pero no buscando la Voluntad de Dios.
¿Qué es lo que dejamos primero ante cualquier situación? Las cosas de Dios. Hablemos de la eucaristía, de la confesión, de la reflexión de la palabra, de la oración, de la dirección espiritual... Para todo ello siempre tenemos excusas para faltar o no hacerlo. Pero para otras cosas (como dirían nuestras madres) siempre tienes tiempo.
La parábola del amigo insistente (la del pedid y se os dará) finaliza diciendo: "cuanto más os dará el Espíritu Santo a aqullos que se lo pidan" y ¿pedimos insistentemente el Espíritu Santo para que nos ayude a madurar en la Fe? Casi que no. Pero sí pedimos insistentemente por cosas que nos gustan o queremos, aunque sean las más santas. Por eso es que recordemos lo que dice Jesús al final de esta parábola: "cuando venga el hijo del Hombre ¿encontrará esta fe en la tierra?"
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