San Pablo le escribe a los filipenses acerca de un dilema en su vida:
"Para mi la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger".
¿Por qué es una ganancia el morir? "Deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor...·, el encuentro con Cristo que él ha tenido, el ir madurando en la fe como lo fue demostrando a lo largo de sus cartas, ha sido para él la experiencia más plenitificante de su vida. En Cristo él tiene su vida, o mejor dicho, Cristo es para él su Vida, y por eso no puede vivir sin Cristo, y así el morir es, sí, una ganancia para Pablo. Y no es ganancia porque dejará de padecer sino porque es el Encuentro que él, seguramente, tiene constantemente a través de la Palabra, de la oración, de la Eucaristía. San Pablo no es un varón que le gusta gastar palabras porque sí, sino que es un varón que sabe de lo que habla y lo dice muy claramente, por eso el amor que él ha experimentado en la relación con Cristo lo lleva a plantearse ese deseo de vivir con Él en la eternidad.
Pero a la vez que el deseo de vivir con Cristo en la Vida Eterna le llena el corazón, está la conciencia de ser Apóstol, la conciencia de que tiene una misión para la cual lo ha llamado el mismo Jesús, y es una misión que tiene llevar a cabo hasta el final, "luchando el buen combate de la fe".
Pero ¿qué nos quiere hacer sentir Pablo con estas palabras? Creo que quiere que descubramos cuánto nos falta para poder, realmente, vivir en Cristo. El amor apasionado que Pablo comenzó a vivir a partir del momento de su conversión, es un amor que fue creciendo constantemente y no sólo llenando su vida de sentido, sino, también, llenando la vida de luz de cuántos con corazón dispuesto lo escuchaban. "¡Ay de mí si no predicara!" escribía también en sus cartas, porque el Amor Verdadero no puede quedar reducido a nuestra propia intimidad sino que busca salir de nosotros y expandirse por todo el mundo. Y Pablo recibió el don de la predicación por eso no puede dejar de predicar, no sólo con las palabras sino con el testimonio claro de su vida en Cristo, pues como dice él mismo: "ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí".
No pensemos que San Pablo es un ejemplo que no podemos llegar a imitar, no, para nada, sino que él mismo se ha encargado de hacernos notar que este encuentro con el Señor lo ha llevado a un combate espiritual constante, donde no siempre ganaba el espíritu, ni el deseo de hacer la Voluntad de Dios: "no hago lo que deso, sino que hago lo que aborrezco", y la vez que tomo conciencia de su debilidad nos da la fórmula para seguir luchando contra la "carne": "¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!"
Nuestra vida que sigue siendo imperfecta y que el pecado habita en nosotros aunque no lo querramos, es una lucha constante en el espíritu para poder alcanzar la plenitud en el Señor. La confianza en la Gracia es lo que nos da fuerzas, cada día, para seguir "corriendo hasta el final para alcanzar la meta y no perder la fe".
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