martes, 27 de noviembre de 2018

Cuando va a suceder eso?

"Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
No son pocos los que se inquietan por lo que va a pasar en el futuro. Siempre ha sido un misterio el que se nos hable tan genéricamente del futuro fin del mundo, o del fin de la vida, pero que nunca se nos diga con claridad qué es lo que va a pasar o cuándo va a pasar. Y son esos misterios que a muchos deja sin sueño.
Pero también es cierto que son muchos los que quieren dejar "todo atado" para el futuro, que no quede nada sin preveer para que no tengamos que pasar necesidades. Pero también hay quienes no quieren reconocer que pasan los años y tratan de vivir en una eterna juventud, sin que se note el paso del tiempo en su rostro, en su piel, en su vida.
Y es cierto, y lógico por una y otra parte que tengamos esos deseos, pues no hemos sido creados ni para la muerte, ni el dolor, "ni el desgaste", sino para todo lo contrario, pero el pecado hizo estragos en nuestra naturaleza y, lamentablemente, todo se va destruyendo: "nuestra morada terrena se destruye" con el paso del tiempo y los años.
Pero, como nos dice san Pablo: "porque sabemos que si esta teinda, que es nuestra morada terrena, se desmororna, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos". Y ahí tenemos puesta nuestra esperanza: en la morada celestial, en nuestra vida en Dios. Una Vida que no sólo viviremos cuando lleguemos a la Casa Paterna, sino que la podemos vivir aquí poniendo en nuestro corazón el sueño de Dios.
Cuando los hombre vivimos sólo pensando en las cosas de este mundo, es claro que viviremos siempre con la mente puesta en lo pasajero, en lo material, en lo que se va destruyendo y en lo que va costando esa destrucción.
Pero cuando nuestra vida tiene un sentido de eternidad, cuando nuestra mirada está en los bienes espirituales y celestiales, sin dejar de tener en cuenta que vivimos en este mundo, entonces nuestra mirada y nuestra esperanza nos alientan y nos animan a no perder la alegría ni el gozo para vivir cada día, pues "cada día tiene su propio afán" y no sé qué es lo que el Señor me pedirá vivir mañana.
El Hoy que el Señor me pide vivir es el que le da sentido a todo lo vivido y a lo que viviré, porque en el Hoy experimentamos al misericordia y el amor del Padre, una misericordia que nos perdona y purifica de lo vivido, y un amor que nos lleva providencialmente a esperar el futuro, sin miedo, sin temores, sólo con la garantía que su Providencia nunca nos dejará solos, sino que siempre nos sostendrá para que caminemos tranquila y confiadamente por cualquier tipo de de valles, sean claros u oscuros, por que Él va conmigo y me guía de sus Manos.

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