jueves, 29 de noviembre de 2018

Levantad la cabeza...

"Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación».
No siempre encontramos esperanzas en los momentos de oscuridad o desasosiego. Cuando todo parece derrumbarse nos derrumbamos con las cosas y podemos llegar hasta perder la fe en lo que siempre creimos. Por eso Jesús cuando nos habla de las catástrofes que pueden llegar a venir (y seguro vendrán) también nos llama a mirar hacia nuestras propias catástrofes, hacia esos momentos en los que nos parece que todo se derrumba y que ya no queremos saber más nada de la vida, sino que sólo nos resta... como Él dice: mirar hacia arriba, descubrir que desde la nube nos llega el Señor con gra poder y gloria.
Sí, es cierto que vivimos tiempos muy duros y difíciles, y si miramos la situación mundial hay países que están en peor situación que el nuestro y hay familias y personas que viven en condiciones peores que las nuestras. Pero eso no es un consuelo para nuestra vida, ver el dolor de los demás no calma nuestro dolor, porque no es cierto aquello que se dice: "mal de muchos consuelo de tontos", no es cierto.
La Cruz de cada uno es la que pesa, y esa Cruz es la que tengo que llevar. No sé si será más grande que la de mi vecino o no, pero es la mía y a mí me cuesta llevarla. Me cuesta mi oscuridad y mi cansancio. Me cuesta lo que pasa en mi familia y me cuesta lo que tengo que vivir día a día. Porque es mi cuerpo, es mi espíritu, es mi vida.
Y vuelvo a insistir, o mejor dicho, el Señor vuelve a insistir: "alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación", pero ¿cuándo será eso? Fue la pregunta que le hicieron al Señor, y es la pregunta que nos hacemos siempre que sentimos que nuestra fuerzas ya no están en nosotros: ¿cuándo Señor sentiré la fuerza de la liberación, la fuerza de tu Espíritu? Y el Señor no me dará un fecha, no pondrá fecha mi liberación, pero sí la promesa de la Fuerza y el Espíritu para poder llevar la carga que Él puesto o ha permitido que caiga sobre nuestros hombres.
Así como Él llevó su Cruz por ese tortuoso camino, así como Él sufrio la soledad y el abandono de los que amaba, así como él sufrió el frío y la oscuridad de aquella noche, así como él sufrió el dolor de la coronación de espinas y de los latigazos en la columna. Así también quiere poner en nuestro camino a María, su Madre, nuestra Madre, para que nos mire a los ojos y nos ayude a levantar la miirada, a descubrir en Su Mirada el Amor que el Padre nos tiene y que la Cruz no deja que lo recordemos. Ella nos acariciará el rostro como al Hijo en el Camino al Calvario y nos consolorá.
También nos enviará, el Señor, a los Cirineos que nos acompañarán en el Camino, que cargarán algunos momentos nuestras cruces, pero que nos alentarán con su presencia, con su amistad, con sus palabras de cariño, y nos ayudarán a recorrer unos días más hasta llegar al final del Camino.
Pero también, habrá muchas Verónicas que enjuguen nuestras lágrimas y nos sequen el sudor de nuestros agobiios y cansancios, para que con la claridad de los ojos secos de lágrimas podamos mirar hacia dónde el Señor quiere conducirnos.
Por que en ese Camino está Él, y si no levantamos los ojos de nuestros dolores y oscuridades nunca lo podremos ver. Si el llanto llama a la desesperanza y nos hunde en nuestro dolor no podremos verlo, no podremos abrazarnos a su Cruz para alcanzar la fuerza de la liberación que sólo nos puede dar el Amor que Él dejó para nosotros en la Eucaristía, que es el Banquete que nos espera cada día para alimentar nuestras almas y ayudarnos a ver en la oscuridad de cada día.

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