Después de mostrarnos todas las dificultades que podríamos padecer por anunciar su Nombre y por ser discípulos, el Señor nos dice:
"Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Sabe el Señor que cuando se vive en la Verdad y se quiere ser Fiel a la Voluntad de Dios, siempre habrá obstáculos y, muchas veces, hasta los que creemos más cercanos son los que más rápido nos condenarán por no estar de su lado, por no querer vivir en la mentira, en la oscuridad, o, simplemente por no comprender que nuestro Camino sea éste que hemos emprendido junto a Él.
Pero no obstante quiere que confiemos que en ningún momento Él nos dejará solos, sino que si ponemos todo en Sus Manos será Él quien hable por nosotros, será Él quien sea nuestra Fortaleza y nuestro Valuarte en todo momento, porque nosotros no tenemos ni la fuerza ni la capacidad para poder defendernos frente a las fuerzas de la oscuridad, de la mentira. Sólo Él que el la Luz y la Vida podrá defendernos de todo lo que no sólo quiera atacarnos a nosotros sino que quiere apagar la Luz que brilla en la oscuridad.
Por eso hay dos cosas que tenemos que rescatar para nuestra vida de estas últimas palabras del Señor: por un lado un espíritu de confianza en la Providencia de Dios, pues Él en su Amor Infinito todo lo puede y todo lo hace por aquellos que son Fieles a su Voluntad, su Amor providente está siempre pendiente de nuestra vida para que podamos seguir caminando en fidelidad y amor. Y, por otro lado, nos pide que seamos perseverantes que en ningún momento miremos hacia atrás o que nos dejemos amedrentar por los quieran apagar la Vida que hay en nosotros, sino que seamos perseverantes en nuestro caminar, que nunca nos detengamos porque los demás nos persigan, son acusen o levanten falsos testimonios contra nosotros, pues sólo la Verdad nos hará libres, y la Fidelidad a Dios nos acomopañará en todo momento.
Claro está que la confianza en la Providencia Divina y la Perseverancia no sólo se viven en momentos de persecución sino que es todos los días cuando las tenemos que cultivar. Porque la virtud no nace en un sólo día, sino que día a día tengo que ir haciéndo crecer esa confianza en la Providencia, el saberme amado y acompañado por un Dios Todopoderoso que es mi Padre creador de Cielo y de Tierra... y por eso me animo a buscar en el día a día Su Voluntad, e intentar, con su Gracia ser Fiel a ella para que mi vida siempre esté en Él, sea para Él y viva por Él.
Y, claro está, que en este camino tendré que peseverar día a día, pues en el día a día es cuando se ve si mi constancia es verdadera, que, a pesar de las dificultades o de mis ganas o prejuicios sea yo Fiel a la Palabra de Dios, sea yo Fiel a discernir su Voluntad y, por supuesto, a llevarla a la vida y vivirla.
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